Uno muere una sola vez. No se ha conocido a nadie que haya muerto en dos oportunidades. En la Biblia se habla de que Lázaro “despertó”, no se dice que regresó de la muerte. Y en el caso de Jesús, una vez que resucitó, nunca más ha muerto.
El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ha informado que un tribunal de Caracas, “dictó una orden de aprehensión contra López”, lo que parece no tener sentido jurídico, ya que su captura surge Ipso iure es decir de pleno derecho, como consecuencia de haberse interrumpido la reclusión que le corresponde como consecuencia de una “condena” dictada hace algunos años. Conforme a lo anterior, el TSJ debería saber que el Estado tiene el deber de capturar a un “fugado”, sin necesidad de una nueva orden de aprehensión, no importa si es con ocasión o no a un nuevo “delito”.
Panem et circenses (literalmente « pan y circo ») es una locución latina que refiere la práctica de un gobierno que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos, simplemente hace un acto circense.
En derecho no se puede condenar dos veces a un ciudadano, por el mismo delito. Tampoco tiene sentido ordenar aprehensión a quien está fugado, ya que al estar evadido su detención opera prima facie.
El Código Penal tiene todo un capítulo dedicado exclusivamente a los fugados, y en el caso de los que estén cumpliendo condena, como es el caso de López, se establece un aumento del tiempo de la pena “de una cuarta a quinta parte conforme acuerde el tribunal”.
Tampoco está claro que en el caso de López hubo fuga. Sus propios carceleros lo liberaron y Juan Guaidó como Presidente (E), dice que ordenó su liberación por indulto presidencial.
Por otra parte, López al ser recibido en la residencia del embajador de España como huésped, está protegido por una ficción jurídica de extraterritorialidad, es decir es inalcanzable para las autoridades venezolanas en este momento.
La nueva “orden de detención de López” es simplemente de imposible ejecución en los hechos y Ab Absurdo en el derecho
Quiero en esta oportunidad hablarles de mi lectura del libro “La Doctrina de Betancourt, una alternativa para Venezuela” del Dr. Luís José Oropeza, abogado con postgrados en economía y ciencias políticas, en Gran Bretaña, Wisconsin y Boston.
Su hija Eleonora tuvo la cortesía de hacérmelo llegar y el autor de estampar dedicatoria. En reciprocidad le envié “Diálogos Democráticos con Braulio Jatar” del senador chileno Francisco Chahuán, con también nota y mi firma.
Supe de Rómulo Betancourt apenas abrí los ojos en Chile. Mi padre expatriado, era uno de los fundadores del partido Acción Democrática (AD) y al igual que muchos adecos, estuvo dando tumbos por el mundo. En el libro de Oropeza se incorpora un ensayo inédito de Betancourt, titulado “Venezuela y Cuba en el turbión del Caribe”, en el cual el líder adeco hace una confesión que me resultó interesante, cuando devela que en 1929 viajaba con pasaporte chileno bajo el nombre de Carlos Luís Eizaguirre y presentaba como lugar de nacimiento la ciudad de Talca, que en lengua mapuche significa “sitio del trueno”.
En recientes palabras con motivo de la presentación del libro del senador chileno Francisco Chahuán, envié un mensaje al recinto que tenía como estribillo “Chile antes, Chile ahora y Chile siempre”. Para el momento del acto, no tenía la información del libro de Oropeza, pero la misma me refuerza en mi convicción de lo importante que ha sido nuestro Chile ayer, hoy y…siempre.
El autor en 150 páginas, nos habla de su convicción de como lo que vive Venezuela en el presente, es la misma lucha que desde hace décadas enfrentó y advirtió el llamado “padre de la democracia” y que lo llevó, a enfrentar tanto la dictadura de Trujillo en Santo Domingo , como la de Fidel Castro en Cuba. El primero atentó contra su vida, el segundo intentó invadir a Venezuela a la fuerza, ambos fueron expulsados por la Organización de Estados Americanos (OEA).
Oropeza narra los inicios de la OEA a partir de la denominada “Carta de Bogotá”. Nos habla con conocimiento sobre el postulado del profesor Karl Popper, cuando afirmaba que las hipótesis inclusive en el campo científico, solo están dotadas de certeza hasta que logran ser metodológicamente refutadas.
También nos cuenta como Betancourt hizo renunciar a su canciller Arcaya – su hijo luego ministro de Chávez- porqué aunque en su momento denunció a Trujillo ante la OEA; luego frente a Castro se negó a hacer lo propio. De igual forma nos ilustra sobre la existencia de Gareth Evans autor del libro “La Responsabilidad de Proteger” y de Bernard Kouchner , cofundador de la extraordinaria organización “Médicos Sin Fronteras”, a quien se le acuña la doctrina “droit d´ ingerence humanitaire”, es decir de la “Intervención Humanitaria”, la misma que Antonio Ledezma repetida veces ha urgido para Venezuela.
El autor fincado en documentos históricos y usando medios más modernos, nos ilustra sobre la “Doctrina de Betancourt”, la cual podemos sintetizar en la necesidad de la creación de un “cerco de aislamiento y cuarentena entorno de los gobiernos ilegítimos y arbitrarios”. Su propuesta en 1948, cuando Gallegos era el presidente de Venezuela, no se vendía fácilmente; los países del hemisferio, por una parte, estaban inundados de dictaduras y el resto del mundo, de intervenciones colonialistas.
En el trabajo histórico del hombre de la doctrina , insertado en el libro de Oropeza desde la página 159, y escrito entre el 4 de julio y 27 de agosto de 1964 viajando en el vapor “Uruguay”, Betancourt advierte estar en contra de toda “intervención militar de EEUU”, aún en el caso de Cuba, aunque para el momento de sus afirmaciones, no se habían producido los eventos del intento de invasión cubana de Machurucuto de 1967.
Tuve la oportunidad de preguntar a Oropeza, cómo explicaba la posible contradicción entre Betancourt y los que piden “cooperación militar” en las actuales circunstancias. En las páginas del libro, el propio expresidente parece dar respuesta cuando dice: “ Sin embargo, en todo momento fue enfático el gobierno que presidí en rechazar la idea de una solución de fuerza del problema cubano, mediante el uso de ejércitos extranjeros, por decisión tomada sin acuerdo previo de la OEA”. El resaltado es nuestro, en lo que parece ser la excepción a la regla. La intervención se legitima cuando a ella concurren los países de la OEA, es la opinión del autor y también la nuestra, al precisar las frases del político venezolano.
Gustavo Tarre Briceño se instaló en la OEA como representante de Venezuela este martes 23 de abril, mientras Maduro anuncia su “retirada”. Pareciera que el debate en ese organismo multilateral, será o pudiera ser donde se produzcan los hechos que cambien la actual historia de Venezuela.
Debo recomendar el libro de Oropeza, por ser de gran actualidad y de necesaria lectura para entender lo que hay y lo que pudiera venir.
En este video, anexado por sugerencias del propio doctor Oropeza – a partir del minuto veinte – se puede ver y oír a Betancourt, hablando del tema y su contradictorio con su “amigo” Rafael Caldera.