Clases / Charlas

Cinco capacidades emocionales y empresariales para el éxito + Vídeo (Braulio Jatar Alonso)

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Cinco capacidades emocionales

Autoconocimiento emocional o la conciencia de uno mismo

Es impensable el nivel de analfabetismo que tenemos sobre nosotros mismos. En páginas anteriores advertíamos del resultado de un ejercicio, en el cual pedíamos a alumnos que nos dieran cinco características que le fueran propias, incluyendo físicas, académicas y personales. Hay casos en donde, como indicamos, el tiempo del test termina y algunos no han podido a viva voz y frente al grupo reconocer las que identifican como rasgos propios.

       Llegamos a considerar  que  la prueba podría verse afectada por la vergüenza de reconocer en público algunas virtudes; por ejemplo, decir que «soy bonita», o defectos como «soy miedoso», y  optamos por hacer el experimento de forma  escrita, inclusive llenando la hoja sin poner nombre en ella. Los papeles son doblados después de terminar la consulta y entregados directamente a un asistente quien luego junto con otro, los desdobla y procede a leerlos. ¿El resultado? El mismo. Algunos regresaban sin completar el mínimo número exigido de características. ¿Lo dudan? Hagan la prueba a su entorno familiar o de amistades.

El autocontrol emocional o autorregulación

Ya hemos hablado del secuestro emocional y como somos rehenes de las emociones con tal grado de obediencia, que nos pueden lanzar al más horrible de los crímenes, aun en contra de nuestra voluntad racional.  Es indispensable tener en nuestra caja de herramientas, el utensilio que nos permita administrar las emociones. Un amor enfermizo es tan  peligroso como la ira descontrolada. El querer alocadamente se puede convertir en una patología igual de dañina que la gula, la codicia o la depresión.

       Es el auto control lo que regula nuestra temperatura emocional; es como una especie de termostato que tenemos instalado, pero muchas veces presenta un mal funcionamiento. Sin control de las emociones estamos a merced de ellas y sus consecuencias.  Hay quienes se pasan la vida pidiendo perdón, lo cual es éticamente válido, pero tal conducta denota una falta de ese instrumento regulador que nos permite prevenir en lugar de lamentar como reza también el adagio popular.

La automotivación

Juan estaba contento porque sus padres le habían obsequiado un vehículo, pero dos años después, sigue estacionado en el mismo sitio donde lo recibió como regalo. ¿Parece una tontería? Lo es, pero no es ciencia ficción es ciertamente lo que la mayoría hacemos con nuestras vidas. 

       Cuando nacemos en la medida que vamos creciendo nos vamos haciendo de todo tipo de sueños y metas. A la medida que pasa el tiempo, vamos posponiendo esos objetivos y cuando se nos acaban los días nos damos cuenta que el vehículo (la vida) que la providencia nos entregó lo hemos dejado  orillado todos los años de nuestra vidas. ¿Qué nos faltó?  La gasolina que en este caso es la motivación. La diferencia entre los que quieren algo y los que lo consiguen pasa normalmente por poner en marcha las acciones necesarias para alcanzar el objetivo. Hasta para ganarte la lotería tienes que comprar el boleto. Esto quiere decir que ni tan siquiera en los juegos de azar todo es suerte.

La empatía o reconocimiento de emociones ajenas

La empatía es la capacidad cognitiva de percibir lo que sienten los demás .Es ponerse en los zapatos del otro. La justicia como valor es el principio moral de cada persona que decide vivir dando a cada quien lo que le corresponde. En este sentido para ser justo, la empatía es la pieza que engrana el resto. Tanto para juzgar a alguien como para entenderlo, hay que hacer uso de esta habilidad. Nada  nos hace más justos que la empatía, ella nos compromete con  el sentir ajeno.

Cuando hemos hablado de este tema con nuestros alumnos, realizamos un ejercicio para reforzar la idea. Le pedimos a un estudiante que se coloque en un pupitre con la mano extendida como haría un indigente pidiendo una ayuda. El resto del grupo debe pasar por el frente y decidir si le da o no dinero.  La decisión se toma con la misma rapidez con la que sucede en la vida real. Cada uno de los que avanza en la fila debe argumentar la razón por la que acepta o niega el socorro.  En la mayoría de los casos surgen respuestas como “debería buscar trabajo”, “no le doy dinero porque seguro lo usa en drogas” o “no alimento la holgazanería”. Por otra parte, hay quienes le dan porque lo consideran lo moralmente apropiado o por lastima. Lo cierto es que en  la sentencia que dictamos no se detiene a oír al sentenciado. No sabemos si ha estado buscando trabajo o nunca ha consumido droga en su vida. Simplemente decidimos lo que nos conviene y para eso nos hacemos de argumentos que justifiquen nuestra conducta. Al hacer esto nos alejamos de la empatía y nos colocamos en el egoísmo o en el egocentrismo. Es decir, salimos de una capacidad extraordinaria para atender la necesidad ajena, para entrar en el defecto de comportarnos como a quien no le importa el prójimo.

Extracto del libro Inteligencia emocional en situaciones extremas de Braulio Jatar Alonso

SEGUNDA PARTE COMPETENCIAS PARA EL CAMBIO

Iniciativa. La competencia más importante en una época de transformación. Tiene que ver con la capacidad de emprendimiento de las personas y socialmente está muy poco desarrollada en España, en comparación con los países de su entorno económico. Se trata de convertir ideas en acciones, asumiendo riesgos. Las personas con iniciativa actúan más de lo que se espera de ellas, están más motivadas, suelen anticiparse a los problemas y detectan oportunidades antes que sus competidores.
Flexibilidad. Es la habilidad de cambiar cuando es preciso y es el extremo contrario de la rigidez. Tiene que ver con la capacidad de las personas para reaccionar de forma positiva ante situaciones imprevistas. En lugar de resistirse al cambio son capaces de adaptarse, igual que varían su actitud cuando las evidencias les demuestran que están equivocadas.
Optimismo. Se traduce en una visión positiva ante el entorno y los acontecimientos (basada en los trabajos de Martin Seligman sobre la psicología positiva). El optimismo se cultiva, al contrario de lo que sucede en muchas empresas, en las que se penaliza el fracaso. Por el contrario, el optimismo impulsa a las personas a aprovechar las oportunidades y superar los contratiempos, sin desanimarse ante los obstáculos.
Resiliencia. Es otra de las competencias emocionales que más valoran los responsables de reclutamiento en las empresas. La resiliencia ayuda a las personas a enfrentarse a situaciones estresantes, fallos o frustraciones como si fueran retos, logrando incluso salir fortalecidas tras hechos adversos. Se trata de pensar que llegará algo mejor, sin que la tensión del ambiente se traslade al entorno laboral, evitando sentimientos de frustración, miedo u odio. No es posible frenar los acontecimientos, pero sí enfrentar lo que sucede, aunque sea complejo. Así, las personas resilientes comprenden y manejan mejor sus emociones, como un mecanismo de autoprotección. La resiliencia ayuda a tener control ante lo que ocurra en el entorno, mantener la autoestima, reducir la ansiedad o las posibilidades de ira o depresión.
Trabajo en Equipo. Los líderes tienen por delante el reto de “reinventar” las empresas. Eso implica innovación, pero no es posible innovar a solas. Es preciso abrir el número de participantes para lograr una transformación de éxito y eso implica preparar a las personas para el trabajo en equipo, cada vez más en remoto. Se trata de trabajar en común para alcanzar objetivos compartidos. Las empresas se están centrando en instruir a sus equipos en las herramientas y los conocimientos digitales para trabajar en remoto, pero olvidan que aplicar esta competencia emocional ayuda a que las personas compartan proyectos, información y recursos; promueve un clima laboral más productivo a través de la cooperación y la creación de sinergias; permite a las personas resistir mejor ante situaciones de presión y que no se colapsen; y fortalece el sentimiento de pertenencia a la organización, entre otras ventajas

La poca inteligencia emocional de Einstein, Jobs y Hawkins + Vídeo

steve jobs vs albert einstein inteligencia emocional

La peculiar vida familiar de Albert Einstein se puede calificar de cercana a lo disfuncional. Su hija, producto de su primera unión, fue abandonada de tal forma que no se conoce su destino. Sólo unas cartas en los años ochenta del siglo XX develaron su existencia. Y con relación al último hijo del  matrimonio, al ser diagnosticado con esquizofrenia, de dice que no supo más de su padre. Al final, Einstein se casó con una prima con la que no tuvo descendencia alguna.

       Otro ejemplo de inteligencia concéntrica es la del famoso fundador de la muy exitosa marca Apple. Steve Jobs, al igual que Einstein, alcanzó el estado de negación con su primera hija, también producto de su primera relación. Ambos genios tenían el mismo déficit de otra inteligencia, no la cognitiva, sino una que hace más humana la vida y aún no se ha inventado una máquina maravillosa que la pueda sustituir: la emocional.

       La relación de Jobs con Lisa, su propia hija, es digna de un estudio completo de trastornos de personalidad. Hasta su adolescencia, Lisa llevó solo el apellido de su madre, Chrissan Brennan, quien conoció a Steve cuando ambos cursaban la enseñanza media en California. Jobs, simplemente, se negó a la realidad de  ser padre y abandonó a su esposa y al fruto de la relación de ambos. 

       El creador de Apple tenía 23 años, la misma edad de sus padres biológicos cuando lo  abandonaron en adopción.  El 17 de mayo de 1978, Brennan tuvo a su bebé. Jobs llegó días después y ayudó a ponerle nombre: Lisa Nicole Brennan. Después se desentendió. Jobs se negó a reconocer a su hija y obligado a realizarse un test de paternidad que dio positivo, el fundador de Apple firmó un documento asumiendo que era el padre.

Cuando Lisa cumplió ocho años la relación con su padre renació, aunque  siempre  con los  altibajos de  quien no se pudo recuperar por completo del  abandono de sus padres biológicos. Jobs, contrario al método de ensayo y error o prueba del mundo de las ciencias, consistente en probar una alternativa y verificar si funciona, repitió con su primera hija los errores de sus padres con él mismo, sin corregir la falla. Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis, o Karl Jung, el descubridor de los arquetipos humanos, soñarían con un caso similar para probar sus tesis.

Pero ser un buen científico no garantiza ser un buen hombre, ni tampoco, claro, ser feliz. Por eso, hemos de insistir en que la inteligencia es más que saber matemáticas, física o ser un genio del conocimiento; además, es la suma de todas las herramientas para sortear todas las pruebas a la que te somete la vida.

       Tampoco Steven Hawkins, considerado por muchos el hombre vivo más inteligente (2017), presenta una vida familiar ejemplar. En su autobiografía «My brief history», el astrofísico víctima desde joven de una terrible enfermedad degenerativa de sus facultades físicas, vierte sus propias reflexiones acerca de la estrecha relación que mantuvieron su mujer y su amigo mientras todos vivían en el hogar conyugal. Un triángulo amoroso que, en un principio, le pareció lógico porque «quería que alguien los mantuviera a ella y a los niños cuando yo no estuviera», pero que con el tiempo fue suscitando agrios celos. «Fui sintiéndome más infeliz por la relación cada vez más estrecha que existía entre Jane y Jonathan. Al final no pude aguantar más la situación y en 1990 me mudé a un piso con una de mis enfermeras», dijo el científico más «inteligente» del planeta,  y el matrimonio puso fin a su relación de 25 años

       Tres grandes genios, tres grandes fracasos en sus relaciones con sus parejas, en algunos casos con sus hijos y seguramente con sus amigos. Por menos que eso más de uno se ha suicidado, aunque a los genios siempre les queda su maravilloso trabajo.

Extracto del libro Inteligencia Emocional en Situaciones Extremas de Braulio Jatar

Busca tu punto medio entre “El Super Yo” y “El Ello” + Vídeo

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Dentro de la teoría del psicoanálisis Sigmund Freud propuso que la personalidad de una persona es el resultado de las relaciones existentes entre tres entidades que cohabitan en nuestra psique: “El Ello”, “El Yo” y “El Superyó”.

“El Ello” es la parte cavernícola de nuestra psique que desea, comer, golpear y aquellos que se interpongan en su camino. “El Ello” busca satisfacer nuestros instintos más básicos y se guía por la búsqueda del placer instantáneo sin pensar en las consecuencias. Freud creía que la mayoría de las personas reprime a esta parte de la psique, para encajar mejor en la sociedad y propuso el método de asociación libre, como un instrumento para revelarlo. En el “método de asociación libre” el psicoanalista emite una serie de palabras y el paciente debe decir, lo primero que le venga a la mente al escuchar cada una de ellas.

“El Superyó” es la parte de nuestra psique en donde se reflejan las normas morales y éticas de la sociedad en la que vivimos las cuales no son transmitidas por nuestros padres, maestros, líderes religiosos y demás entidades que ejerzan una influencia sobre nosotros. “El superyó” es el que nos hace sentir culpables cuando mentimos, robamos o pensamos algo inapropiado pues está continuamente evaluándonos y reprochándonos. Cuando hacemos algo inadecuado, como podemos observar “El Ello” y “El Superyó” están en un interminable conflicto por un lado está, lo que queremos hacer y por el otro, lo que debemos hacer y allí entre ellos dos está “El Yo”.

 “El Yo” es el intermediario entre “El yo” y “El Superyó”, su trabajo es ser el “punto medio” entre lo que la sociedad espera de nosotros y lo que nosotros realmente deseamos, de este modo “El Yo” buscará saciar en la medida de lo posible los instintos más básicos exigidos por “El Ello” pero dentro de las normas socialmente aceptadas que exige “El superyó”.

Si sólo nos dejáramos llevar por nuestros instintos, muy probablemente terminaríamos en la cárcel o muertos en poco tiempo, por otro lado si sólo nos dedicáramos a cumplir el rol de perfección que la sociedad nos impone podríamos terminar con un alto nivel de frustración, así que como muchas otras filosofías el psicoanálisis recomienda “buscar el equilibrio nuestro punto medio”.

Vídeo.- Clases de inteligencia para el éxitos (experimento de trabajo en equipo)

Alumnos en clases

CLASES DE INTELIGENCIA PARA EL ÉXITO: Se realiza un experimento en clases, a cada fila vertical se le entrega una sola tijera, un pote de pega y una hoja de papel y se le instruye que deben hacer un ciempiés, siendo obligante que cada alumno aporte un elemento al diseño”.

Al principio se nota en el vídeo como cada alumno se mantiene en su puesto esperando por su turno, luego se evidencia que una alumna abandona su puesto y pregunta ¿puedo levantarme a organizar mi equipo? . De inmediato se modifica la conducta grupal y se evidencia que cada equipo se pone a trabajar de forma conjunta.

“El trabajo en equipo es trabajo de todos”

@reporteconfidencial

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