En diplomacia, un “puente dorado” es la salida que se le ofrece al adversario para que pueda retroceder sin aparecer derrotado. No es generosidad. Es cálculo. Se le permite abandonar una posición extrema, conservar una parte del poder y vender su retirada como una victoria.
Eso parece estar ocurriendo con Delcy Rodríguez.
Marco Rubio no necesita presentarla como demócrata. Tampoco necesita limpiar su historia dentro del chavismo. Le basta convertirla en interlocutora útil para administrar una transición controlada después de Maduro, evitar una ruptura total del aparato de poder y mantener bajo control los intereses de Estados Unidos en Venezuela.
Después de la captura de Nicolás Maduro, Rubio dijo que Washington estaba dispuesto a trabajar con los nuevos líderes venezolanos si tomaban “la decisión correcta”. Esa frase no fue inocente. No reconocía legitimidad democrática, pero abría una puerta política. En los hechos, colocaba a Delcy Rodríguez dentro del mapa de negociación de Estados Unidos.
La operación también produjo ruido en Washington. Las senadoras Jeanne Shaheen y Elizabeth Warren pidieron explicaciones a Rubio y al secretario del Tesoro por el alivio de sanciones a Delcy Rodríguez, recordando su papel dentro del régimen venezolano y en la represión. Esa carta muestra que hay sectores en Estados Unidos que entienden el riesgo: una salida negociada puede terminar salvando políticamente a una figura central del madurismo.
El problema para Venezuela no es que exista negociación. El problema es que esa negociación pretenda sustituir la voluntad popular. Delcy Rodríguez no llegó al poder por una elección libre. Viene del mismo sistema que destruyó la institucionalidad, persiguió opositores, cerró espacios democráticos y convirtió al Estado en aparato de dominación.
Un puente dorado puede servir para desmontar una dictadura. También puede servir para reciclarla. Si Delcy cruza ese puente sin voto, sin Constitución efectiva y sin rendición de cuentas, no habrá transición democrática. Habrá transferencia pactada de poder.
Rubio puede construir el puente. Delcy puede cruzarlo. Pero la legitimidad venezolana no la otorga Washington. La decide el pueblo venezolano.
EL LARGO PUENTE DORADO QUE RUBIO CONSTRUYE A DELCY RODRÍGUEZ
En diplomacia, un “puente dorado” es la salida que se le ofrece al adversario para que pueda retroceder sin aparecer derrotado. No es generosidad. Es cálculo. Se le permite abandonar una posición extrema, conservar una parte del poder y vender su retirada como una victoria.
Eso parece estar ocurriendo con Delcy Rodríguez.
Marco Rubio no necesita presentarla como demócrata. Tampoco necesita limpiar su historia dentro del chavismo. Le basta convertirla en interlocutora útil para administrar una transición controlada después de Maduro, evitar una ruptura total del aparato de poder y mantener bajo control los intereses de Estados Unidos en Venezuela.
Después de la captura de Nicolás Maduro, Rubio dijo que Washington estaba dispuesto a trabajar con los nuevos líderes venezolanos si tomaban “la decisión correcta”. Esa frase no fue inocente. No reconocía legitimidad democrática, pero abría una puerta política. En los hechos, colocaba a Delcy Rodríguez dentro del mapa de negociación de Estados Unidos.
La operación también produjo ruido en Washington. Las senadoras Jeanne Shaheen y Elizabeth Warren pidieron explicaciones a Rubio y al secretario del Tesoro por el alivio de sanciones a Delcy Rodríguez, recordando su papel dentro del régimen venezolano y en la represión. Esa carta muestra que hay sectores en Estados Unidos que entienden el riesgo: una salida negociada puede terminar salvando políticamente a una figura central del madurismo.
El problema para Venezuela no es que exista negociación. El problema es que esa negociación pretenda sustituir la voluntad popular. Delcy Rodríguez no llegó al poder por una elección libre. Viene del mismo sistema que destruyó la institucionalidad, persiguió opositores, cerró espacios democráticos y convirtió al Estado en aparato de dominación.
Un puente dorado puede servir para desmontar una dictadura. También puede servir para reciclarla. Si Delcy cruza ese puente sin voto, sin Constitución efectiva y sin rendición de cuentas, no habrá transición democrática. Habrá transferencia pactada de poder.
Rubio puede construir el puente. Delcy puede cruzarlo. Pero la legitimidad venezolana no la otorga Washington. La decide el pueblo venezolano.
Editor Reporte Confidencial / Abogado 18342 / Comunicador SNTP 8248 / Locutor 17210 / Profesor Inteligencias / Escritor / 7 libros amzn.to/2G3W6ja
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