Author: Braulio jatar

LOS INDOCUMENTADOS TIENEN MUCHOS DOCUMENTOS

BRAULIO JATAR 2025

LOS INDOCUMENTADOS TIENEN MUCHOS DOCUMENTOS

Por Braulio Jatar Alonso

“¿Qué queremos decir exactamente con ‘indocumentados’?” Esta pregunta del drama televisivo Boston Lega (2004- 2008)l resuena con ironía devastadora. La verdad es que estas personas tienen documentos rebosando de sus bolsillos:  En aquel Esta presentan declaraciones de impuestos, poseen licencias de conducir, abren cuentas bancarias, obtienen préstamos e hipotecas de Bank of America y Citigroup, contratan seguros médicos y servicios de telefonía.

Contrario al mito de que son un lastre económico, son vitales para la economía. Cada uno de nosotros tiene al menos un inmigrante indocumentado en su vida: personas que nos importan, de las que dependemos, personas que amamos.

LOS NÚMEROS QUE NADIE QUIERE VER

Según el Instituto sobre Tributación y Política Económica (ITEP), los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos contribuyeron $96.700 millones en impuestos en 2022 y la tendencia se mantiene en el 2025. Esto equivale a $8.889 por persona. Su contribución tributaria alcanzó el 26,1% de sus ingresos, prácticamente igual al 26,4% que paga la población general.

Pero aquí está lo revelador: si se les otorgara autorización de trabajo, sus contribuciones aumentarían en $40.200 millones anuales. No es un gasto, es una inversión perdida.

En Chile, la paradoja se replica con contundencia. Según la Fundación porCausa, la población migrante contribuyó con un 10,3% del PIB chileno, superior a su peso poblacional del 8,7%. En 2023, aportaron $921 millones de dólares netos al Estado. Cada migrante aporta en promedio $604 dólares netos, comparado con $184 de los nativos. Los migrantes aportan 3,6 veces más per cápita que los chilenos.

¿Por qué? Porque consumen menos recursos públicos, especialmente en pensiones y subsidios.

LA INJUSTICIA PREVISIONAL CHILENA

Aquí surge una de las mayores crueldades del sistema: todo trabajador extranjero debe cotizar en el Sistema de Pensiones chileno, pero según la Ley 18.156, miles pierden sus ahorros previsionales cuando regresan a sus países. Si un trabajador cotizó durante 20 años y no cumple requisitos técnicos específicos, sus fondos quedan atrapados en Chile.

Esto viola la Convención Internacional sobre Protección de Trabajadores Migratorios. Peor aún: Chile tiene convenios con 28 países, pero no con Haití ni Venezuela, de donde provienen la mayoría de los migrantes recientes.

Los migrantes tienen contratos laborales, certificados de AFP, liquidaciones de sueldo, RUT provisorio, comprobantes de FONASA. Tienen documentos fiscales, laborales, previsionales. Lo que no tienen es un estatus migratorio regular que les permita recuperar lo que es suyo.

LA VERDADERA INDOCUMENTACIÓN

Los “indocumentados” tienen documentos que prueban que pagan impuestos para escuelas a las que sus hijos a veces no pueden asistir. Tienen certificados de aportes a pensiones de las que tal vez nunca se beneficiarán. Tienen contratos que demuestran que construyeron edificios, cosecharon alimentos, cuidaron a nuestros ancianos.

Tienen todos los documentos que prueban que son parte esencial de nuestras economías. Lo único que no tienen es el documento que los haría plenamente humanos ante la ley.

Esa es la verdadera indocumentación de nuestro tiempo: la falta de un documento legal que reconozca una realidad económica y humana que ya existe. Una realidad documentada en millones de formularios fiscales y certificados previsionales que nadie quiere ver.

Porque verlos nos obligaría a reconocer la verdad más incómoda: que hemos construido nuestras economías sobre la contribución de personas a las que negamos el derecho a existir plenamente en ellas.

Braulio Jatar Alonso es abogado especializado en inmigración, presidente de ILC Consultores en Chile, y fundador de la Fundación Derechos X todos para Todos.

MADURO MÁS SOLO QUE RINOCERONTE EN SU SELVA

MADURO MAS SOLO QUE RINOCERONTE EN SU SELVA

MADURO MÁS SOLO QUE RINOCERONTE EN SU SELVA

Por Braulio Jatar Alonso
12 de diciembre de 2024

En la sabana africana, el rinoceronte deambula solitario por su territorio. No por elección, sino porque su propia naturaleza lo ha convertido en un gigante obsoleto, temido pero no respetado, poderoso en apariencia pero vulnerable en esencia. Nicolás Maduro hoy es ese rinoceronte en una selva política que le ha dado la espalda, rodeado por el cerco militar más grande que Estados Unidos haya desplegado en Sudamérica, mientras sus históricos aliados miran hacia otro lado y el mundo observa lo que parece ser el principio del fin de un experimento político que convirtió al país más rico de América Latina en un naufragio colectivo.

El 11 de diciembre de 2024, Trump ordenó “un bloqueo total y completo de todos los petroleros sancionados que entran y salen de Venezuela”. En derecho internacional, un bloqueo es un acto de guerra. Un día antes, guardacostas estadounidenses confiscaron el petrolero Skipper con 1.9 millones de barriles de crudo venezolano, el mayor tanquero jamás incautado por Estados Unidos. “Venezuela está rodeada por la mayor Armada jamás reunida en la historia de Sudamérica”, escribió Trump, amenazando con un impacto “como nada que hayan visto antes”.

La Operación Punta de Lanza ha cobrado 87 vidas en 21 ataques contra embarcaciones desde septiembre. El despliegue incluye al portaviones USS Gerald R. Ford, el más grande del mundo, y más de 15,000 efectivos militares. Trump no descarta operaciones terrestres “muy pronto” y mantiene todas las opciones sobre la mesa.

Lo más devastador no es la potencia de fuego, sino el silencio que encuentra Maduro cuando pide ayuda. El 30 de noviembre escribió a la OPEP suplicando apoyo: ningún país respondió. Rusia, que en 2018 envió bombarderos con capacidad nuclear, hoy se limita a declaraciones tibias. China, preocupada por sus relaciones con Washington, no sacrificará sus intereses globales por un régimen sin respaldo interno. “Esta vez, Maduro está completamente solo”, sentenció el experto Vladimir Rouvinski.

El aislamiento es también regional. Ni Brasil ni Colombia, gobernados por líderes de izquierda, reconocieron las elecciones del 28 de julio donde Maduro se proclamó ganador contra toda evidencia. La oposición presentó actas que demuestran una victoria con más del 70%, pero el régimen se negó a publicar resultados detallados. Argentina, Ecuador, El Salvador, Uruguay y Honduras han girado a la derecha prometiendo romper con Caracas. Le quedan solo Cuba  y Nicaragua una isla en quiebra, una dictadura centroamericana.

Los números son implacables. El PIB venezolano cayó de 260,000 millones de dólares en 2013 a apenas 102,000 millones hoy. El 51.8% vive en pobreza extrema. Los ingresos petroleros, que representan el 53% del presupuesto estatal, están bajo amenaza directa. Analistas estiman que dos millones más podrían abandonar el país, sumándose a los ocho millones que ya huyeron.

El rinoceronte está acorralado. La selva está vacía. El silencio que responde a sus suplicas es el sonido más aterrador. Porque cuando nadie responde a tus llamados de auxilio, cuando has quemado todos los puentes, convertido la riqueza en miseria y la esperanza en éxodo, lo que queda no es poder, sino soledad. Y todos esperan que el rinoceronte finalmente caiga.


Braulio Jatar Alonso es abogado, director y editor del portal de noticias Reporte Confidencial, profesor, escritor de varios libros y analista político venezolano. Fue prisionero político del régimen de Maduro entre 2016 y 2021. Actualmente reside en Chile, es presidente de ILC Consultores y colabora con medios internacionales en la cobertura de la crisis venezolana.

Presidente Boric, la regularización no es una opción, es un deber de Estado

BRAULIO JATAR ALONSO NOV 2025 FOTO FULL COLOR

Presidente Boric, la regularización no es una opción, es un deber de Estado

Presidente Boric, la regularización no es una opción, es un deber de Estado

Por: Braulio Jatar Alonso

La política migratoria en Chile ha entrado en un terreno peligroso donde la retórica comienza a chocar de frente con la realidad humanitaria. Por un lado, hemos sido testigos de quienes han sacado tajada política del sufrimiento ajeno, lanzando amenazas contra mujeres, niños y trabajadores honestos —muchos de ellos desplazados por una dictadura que todo Chile repudia—. Por el otro, surge ahora una nueva casta que pretende instrumentalizar ese mismo miedo para obtener un beneficio financiero del drama humano.

Ante este escenario, mi posición es invariable y se fundamenta en principios universales: Regularizar a los inmigrantes hace a Chile una nación más fuerte.

Un consenso que el Ejecutivo ignora

No se trata de un capricho ideológico, sino de una necesidad sistémica que diversos sectores de la vida nacional e internacional han puesto sobre la mesa:

  • El sector productivo: Los empresarios lo piden con urgencia para integrar mano de obra formal a la economía.
  • La comunidad internacional: Los organismos internacionales lo avalan como la única vía para garantizar orden y seguridad.
  • La ética civil: Las asociaciones de Derechos Humanos lo exigen como una medida mínima de dignidad.

La responsabilidad del Presidente

Presidente Boric: usted dio el primer paso. Usted los empadronó; por lo tanto, usted los debe regularizar. El empadronamiento fue un acto de confianza de casi 200 mil migrantes que, de buena fe, creyeron en su talante humanista y entregaron sus datos al Estado. Dejar ese proceso a medias no solo es un error administrativo, es una trampa institucional.

Si el Gobierno no concreta la regularización de quienes ya tendieron la mano para salir de la sombra, el Presidente Boric quedará en la historia como quien traicionó los derechos humanos de miles de personas. La fe pública y el compromiso con la dignidad humana no admiten cálculos políticos de corto plazo.

Presidente, es hora de cumplir.

!O ahora o nunca! Por: Braulio Jatar Alonso

BRAULIO JATAR NOV 2025 A

O ahora o nunca

Por Braulio Jatar Alonso

Mientras en el Caribe se instala una isla mecánica de poderío militar sin precedentes en este hemisferio, muchos —lejanos al ahogo diario de la tiranía en Venezuela— se permiten el lujo de practicar una curiosa gimnasia moral: lucir más benévolos que el Espíritu Santo, más inteligentes que Dios y más equilibrados que un libro perfectamente centrado sobre una mesa.

Personas, ONG, organismos internacionales y todo tipo de entidades se posicionan en ese espacio cómodo donde nada se resuelve, pero que luce sospechosamente correcto. Desde ahí buscan anotarse puntos sin asumir riesgos, y aprovechan ese pedestal para criticar a quienes sí están dispuestos a actuar. Prefieren observar, opinar y moralizar antes que involucrarse. Y en ese mirar desde lejos, terminan sosteniendo —por omisión o conveniencia— al mismo sistema que dicen repudiar.

La dicotomía del poder es simple: podemos hacer solo aquello que controlamos. Cuando la decisión está en manos del otro, ese margen desaparece. Aceptable. Pero hay una frontera peligrosa entre la limitación y la ambivalencia. Y hoy, cuando finalmente se ha configurado una amenaza real para quienes llevan años sometiendo a millones de venezolanos, esa ambivalencia se convierte en indiferencia… o algo peor: la intención subconsciente de apostar al fracaso del que actúa para justificar la propia pasividad.

Estamos en un momento definitorio. O se logra el cambio o se perpetúa la garra que ha violado derechos humanos, politizado todas las instituciones —incluyendo a los militares—, eliminado la separación de poderes y pulverizado el Estado de derecho. No hay matices. No hay zona gris. No hay espacio para la tibieza.

Esta vez, el destino inmediato de Venezuela no está en nuestras manos. Todo indica que la decisión final recae en quienes poseen un poder que nosotros no tenemos. Pero lo que sí podemos decidir —y debemos decidir— es si nuestros egos, nuestros cálculos mezquinos, la envidia, las rencillas internas y el debate por el “nuevo liderazgo” pesan más que Venezuela misma.

El país no puede seguir atrapado en discusiones de salón mientras su gente vive entre el miedo, el exilio y la pobreza. No podemos seguir dándole prioridad a la vanidad personal sobre la urgencia nacional. Sabemos muy bien cuál es la verdad que nadie se atreve a decir en voz alta, pero que todos reconocemos por dentro:

O es ahora, o será nunca.

La derecha chilena espanta a los inmigrantes (Estrategia ICE)

La derecha chilena espanta a los inmigrantes Estrategia ICE

La derecha chilena espanta a los inmigrantes (Estrategia ICE)

Por Braulio Jatar Alonso
NotiAmérica

Lo que ocurre hoy en Estados Unidos con el voto latino bajo la era ICE y Trump, podría reflejarse en Chile a partir de las elecciones presidenciales de noviembre de 2025.

La congresista estadounidense María Elvira Salazar acaba de lanzar una advertencia que bien podría aplicarse a Santiago o Antofagasta. Dijo:

“Llevo meses diciéndolo.
Los hispanos que impulsaron la gran victoria de Trump se están yendo… y lo estamos permitiendo.
Anoche, en Nueva Jersey y Virginia, el voto hispano se movió más de 25 puntos a la IZQUIERDA.
Republicanos: despierten. Fe. Familia. Libertad. DIGNIDAD.”

Su diagnóstico es claro: la derecha norteamericana está perdiendo el voto latino por haber convertido el discurso migratorio en una trinchera de miedo. Chile parece seguir el mismo camino.

La política del miedo como bandera

En los últimos años, sectores de la derecha chilena han hecho del inmigrante su enemigo útil. La retórica de la “invasión extranjera”, las promesas de expulsiones masivas y las declaraciones altisonantes sobre “cerrar fronteras” se han vuelto moneda corriente.

Pero la demagogia tiene un costo. Lo que sirve para agitar una campaña puede volverse una factura electoral impagable. En Estados Unidos, los hispanos abandonan al Partido Republicano porque ya no se sienten parte de su proyecto. En Chile, los migrantes podrían hacer lo mismo con la derecha, cansados de ser tratados como sospechosos.

Chile necesita a los migrantes, pero no los respeta

Las cifras son contundentes: Chile envejece y su tasa de natalidad no asegura el reemplazo generacional. La agricultura, la construcción, el comercio y los servicios dependen cada vez más de trabajadores extranjeros.

Sin embargo, se instala una narrativa que asocia inseguridad con inmigración, olvidando que el país se sostiene gracias al aporte de quienes llegaron a trabajar. La derecha que defiende el libre mercado olvida que la movilidad humana es parte esencial de ese mismo principio.

El espejo de Washington

Durante la era Trump, el control migratorio se convirtió en espectáculo político. Las imágenes de familias separadas, deportaciones aceleradas y redadas de ICE destruyeron la alianza natural entre los latinos y los valores republicanos de esfuerzo y fe.

Esa misma dinámica amenaza con repetirse en Chile. La derecha radical asocia patriotismo con exclusión, y orden con represión. Pero quienes construyen el país desde la base —los trabajadores migrantes— votan, y cada vez más. Si la derecha los margina del relato nacional, los perderá en las urnas.

Fe, familia, libertad y dignidad… ¿para todos?

Salazar cierra su mensaje con un llamado: “Fe. Familia. Libertad. Dignidad.” Son valores universales, pero pierden sentido si se aplican solo a quienes nacieron dentro de ciertas fronteras.

Chile debe decidir si esos principios son inclusivos o solo un eslogan. Los inmigrantes habilitados para votar este año, junto con sus hijos nacidos en Chile que lo harán en los próximos comicios, ejercerán su derecho con memoria y conciencia. Si la derecha no los abraza, la izquierda lo hará con gusto.

Un pronóstico anunciado

Así como el voto hispano se movió 25 puntos hacia la izquierda en Estados Unidos, el voto migrante podría hacerlo en Chile a partir de 2025. Las mismas causas generan los mismos efectos: discursos de miedo, políticas de exclusión y desdén hacia quienes mantienen en pie la economía real.

El país que se enorgullece de haber recibido europeos en el siglo XX no puede cerrar su corazón a los latinoamericanos del XXI.

Si la derecha chilena no despierta —como pide Salazar a los republicanos— los inmigrantes despertarán primero.
Y cuando lo hagan, las urnas hablarán en todos los acentos de América Latina.

 Lula, antiético y lejos de la oikeosis estoica

Una vez más, Luiz Inácio Lula da Silva se presenta como salvador de América Latina

 Lula, antiético y lejos de la oikeosis estoica

Por Braulio Jatar
Noti-América

Una vez más, Luiz Inácio Lula da Silva se presenta como salvador de América Latina. Durante su encuentro con Donald Trump en Kuala Lumpur el 27 de octubre, el presidente brasileño se ofreció como “interlocutor” entre Estados Unidos y el régimen de Maduro, en medio de la tensión militar en el Caribe. Esta propuesta de mediación repite un patrón: dar oxígeno a la dictadura venezolana cuando más acorralada se encuentra.

Lo que Lula llama “mediación” carece del principio estoico de la oikeosis: ese reconocimiento de pertenencia al todo que nos impulsa a expandir nuestro círculo de preocupación para incluir a toda la humanidad. Los estoicos enseñaban que la virtud surge cuando ponemos el bien común en el centro, cuando reconocemos que el sufrimiento ajeno es nuestro.

María Corina Machado señaló la falla fundamental: “Las dos partes que él menciona son Estados Unidos y el régimen de Maduro, pero está ausente la parte más importante: los venezolanos. ¿Dónde quedan los venezolanos? ¿O es que en este análisis del presidente Lula no importan?”

Esta pregunta denuncia una ausencia moral. Lula no coloca al pueblo venezolano en el centro porque nunca ha sido su prioridad. Venezuela es un tablero geopolítico donde mueve piezas según sus intereses: mantener relevancia regional, evitar intervención militar en su frontera, y preservar la red ideológica del Foro de São Paulo.

Los hechos desmienten las palabras grandilocuentes. Machado recuerda el historial de fracasos brasileños: “Después de más de un año con cinco rehenes en la embajada de Argentina bajo protección de Brasil, el gobierno de Lula no logró conseguir ni siquiera cinco salvoconductos”. Tras seis meses sin electricidad, Brasil no logró que pusieran un fusible. Tras 15 meses exigiendo las actas electorales del fraude del 28 de julio de 2024, tampoco obtuvo nada.

Cuando debe elegir entre solidaridad con el pueblo venezolano y camaradería con Maduro, Lula siempre elige lo segundo. Marco Aurelio escribió: “Lo que no beneficia a la colmena, no beneficia a la abeja”. Su propuesta no beneficia a Venezuela; solo da tiempo y legitimidad a Maduro, proyectando una imagen de estadista que la realidad desmiente.

La oikeosis estoica implica expandir el círculo moral: del yo a la familia, la comunidad, la nación y finalmente a la humanidad. Lula invirtió este proceso. Su círculo se contrajo hasta incluir solo a quienes comparten su ideología, dejando fuera a millones que sufren hambre, represión y exilio.

No hay ética en mediar entre democracia y dictadura omitiendo a las víctimas. No hay virtud en hablar de paz ignorando que significa perpetuar la tiranía. La filosofía estoica enseña que la justicia es la virtud suprema. Pero no hay justicia equiparando moralmente a quien defiende la libertad con quien la pisotea.

Lula se escuda en buscar paz, pero su paz es ausencia de confrontación, no presencia de justicia. Los estoicos sabían que la verdadera paz solo florece con libertad y dignidad. Lo demás es silencio impuesto por la opresión.

La propuesta carece de oikeosis porque ignora a quienes más sufren. Carece de ética porque no prioriza la justicia. Carece de virtud porque prefiere la apariencia a los resultados. Los venezolanos no necesitan mediadores que hablen de ellos sin escucharlos. Como recuerdan los estoicos: la justicia no negocia con la tiranía, la virtud no se compromete con el vicio, y la oikeosis verdadera no abandona a quienes más necesitan nuestra acción.

Brasil, bajo Lula, ha fracasado en todo esto. Su oferta de mediación es otro capítulo de ese fracaso ético.

La ciencia está del lado de la regularización migratoria

La ciencia está del lado de la regularización migratoria

La ciencia está del lado de la regularización migratoria
Por Braulio Jatar

El experimento que Chile aún no ha comprendido
En 1980 el politólogo Robert Axelrod organizó un torneo de estrategias entre computadoras para descubrir cuál conducta generaba la mayor cooperación en un entorno competitivo. El resultado fue desconcertante: la estrategia ganadora no fue la más dura ni la más punitiva, sino una sencilla llamada TIT-FOR-TAT: empezar siendo bueno, responder con proporcionalidad ante la traición, y estar dispuesto a perdonar. En palabras simples, una estrategia que combina inteligencia y humanidad. Cuatro décadas después, Chile sigue atrapado en la versión opuesta: el “juego de Friedman”, donde ante cada problema migratorio la respuesta es cierre, castigo y rechazo. Y la ciencia ya demostró que esa conducta, aplicada una y otra vez, solo produce una cosa: derrota.

El costo de una estrategia implacable
Chile ha convertido la migración en un campo de batalla político. Cada incidente, cada titular, cada error individual es amplificado para justificar una reacción colectiva de castigo. El Estado se comporta como una computadora programada para desconfiar: si un grupo falla, se cierran las puertas a todos. Axelrod llamó a ese tipo de comportamiento una “estrategia implacable” y comprobó matemáticamente que pierde siempre, sin excepción, en juegos repetidos. Y la convivencia humana, especialmente la migratoria, no es otra cosa que una interacción repetida. Cuando un país reacciona con castigo permanente en lugar de cooperación inteligente, condena su futuro a ciclos de desconfianza y conflicto interminable.

Regularizar no es debilidad, es ciencia aplicada
La regularización migratoria no es un gesto de ingenuidad ni una posición ideológica. Es la aplicación práctica del conocimiento acumulado sobre cooperación. La primera condición del éxito, según Axelrod, es empezar con buena voluntad: dar la primera oportunidad de cooperar. Eso no significa renunciar a la autoridad, sino usarla de manera inteligente. Una política de regularización con reglas claras, monitoreo y consecuencias proporcionales cumple con las cuatro condiciones que la ciencia identificó como ganadoras: ser buena, ser clara, ser provocable y ser indulgente. Es un modelo de control con humanidad, no de desorden.

El espejo internacional
Mientras Chile endurece sus fronteras y multiplica expulsiones, Canadá y España aplican versiones de TIT-FOR-TAT. Regularizan, establecen obligaciones y luego sancionan con proporcionalidad a quien no cumple. El resultado está a la vista: mayor recaudación fiscal, integración laboral y cohesión social. En Chile, en cambio, la informalidad y la exclusión generan pérdidas millonarias en impuestos, saturan los sistemas de salud y educación y alimentan la inseguridad. La hostilidad institucional no reduce el problema, solo lo empuja a la oscuridad.

El dilema moral y estratégico
Cada vez que un candidato propone cerrar fronteras o endurecer leyes migratorias, está eligiendo la estrategia perdedora del experimento de Axelrod. Lo hace, además, contra toda evidencia empírica. No es un debate ideológico, es una cuestión de resultados. Los países que apuestan por la cooperación inteligente superan a los que optan por el castigo permanente. En el lenguaje de la ciencia, la xenofobia no solo es moralmente reprobable, también es ineficiente.

La elección de Chile
Los venezolanos no se van a ir. Están aquí para trabajar, aportar y construir, como antes lo hicieron los europeos, los árabes y los asiáticos que también encontraron en Chile una oportunidad. El país puede insistir en la estrategia “Friedman” —cerrar, desconfiar y castigar— o puede aplicar la lección que la ciencia ya resolvió hace más de cuarenta años: empezar cooperando, establecer reglas claras, responder con justicia y permitir el perdón. Esa es la ruta de la estabilidad, de la seguridad y de la prosperidad compartida.

La ciencia ya eligió. ¿Cuándo lo hará Chile?
Robert Axelrod demostró que en un mundo de interacciones repetidas, la cooperación inteligente siempre vence a la hostilidad. Chile tiene la oportunidad histórica de aplicar ese conocimiento a su política migratoria. No se trata de ser idealista, sino de ser racional. En tiempos donde el miedo parece tener más influencia que los datos, recordar que la ciencia respalda la regularización migratoria es un acto de lucidez. En última instancia, los países que eligen la humanidad no solo ganan moralmente. Ganan también el futuro.

En el umbral de la fuerza: el hierro flota en el Caribe

Cada puerta fue cerrada brutalmente. Cada gesto de buena fe fue respondido con represión. Los métodos blandos están agotados.

En el umbral de la fuerza: el hierro flota en el Caribe

Por Braulio Jatar Alonso  (NotiAmerica)

María Corina Machado acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz 2025 por “promover los derechos democráticos del pueblo de Venezuela”. En su reciente entrevista con El País, ofrece reflexiones sobre la estrategia de lucha por la democracia.

El agotamiento de los caminos tradicionales

María Corina lo reconoce sin ambages: “Hemos estado en múltiples procesos de negociación y el régimen en todos ha incumplido su palabra. Hemos protestado y nos han atropellado. Hemos ido a elecciones y, se robaron la elección.”

Cada puerta fue cerrada brutalmente. Cada gesto de buena fe fue respondido con represión. Los métodos blandos están agotados.

Las fuerzas internas y externas

“Estamos en un momento en el que hemos entendido que solo la coordinación de fuerzas internas y externas frente a una estructura criminal es lo que permitirá que Venezuela pueda avanzar en la transición democrática. Y estamos en el umbral de ello.”

No se trata de una batalla que se libra solo en Caracas. Es coordinación de alcance geopolítico completo.

¿Qué significan las fuerzas externas?

El despliegue militar estadounidense en el Caribe. Esta es la mayor de las fuerzas externas a la que Machado se refiere. La administración Trump ha intensificado la presencia militar de Estados Unidos en la región. Portaaviones, destructores, helicópteros de ataque.

Este hierro flotante, estacionado a tiro de piedra de las costas venezolanas, asfixia las rutas de financiamiento del narcotráfico y otras fuentes ilícitas que sostienen a Maduro y a su entorno, actualmente requerido por la justicia estadounidense.

A lo anterior se suman: múltiples gobiernos que reconocen a Edmundo González como presidente electo, otros que no reconocen a Maduro. Sanciones económicas. Cuentas bancarias congeladas. Investigaciones de la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad.

El régimen como estructura criminal

Machado no lo llama “gobierno autoritario”. Lo llama “estructura criminal”. Un régimen criminal no se negocia. Se enfrenta. Se rodea. Se somete a presión desde todos los flancos: político, económico, diplomático, judicial y militar.

La arquitectura del asedio

Fuerzas internas: Movilización opositora, desobediencia civil, presión callejera, sociedad civil coordinada.

Fuerzas externas: Gobiernos, organismos internacionales, presión económica, aislamiento diplomático. Y por encima de todo: la presencia militar estadounidense en el Caribe que transforma cualquier cálculo del régimen.

Factores jurídicos: Crímenes internacionales documentados, investigaciones de la CPI, sanciones por violaciones de derechos humanos.

El dilema final para el régimen

Si el régimen es una “estructura criminal”, si está rodeado de fuerzas coordinadas, si su legitimidad es nula, si su economía se desmorona, si está rodeado por la marina más poderosa del mundo, entonces enfrenta solo tres opciones reales.

Primera: Huyen. Abandonan el país ahora. Se llevan lo que pueden. Buscan asilo en Rusia, Irán o China. Conservan libertad y fortuna, pero desaparecen de Venezuela.

Segunda: Se entregan. Negocian salida política a cambio de garantías personales. Ceden el poder por inmunidad o exilio negociado. Se van con vida y libertad, sin poder.

Tercera: Pierden todo. Resisten hasta el final. Pierden libertad, bienes, dignidad. Terminan en celdas internacionales o exilio sin protecciones. Sin opción de salida.

Cuando Machado habla de estar “en el umbral de la fuerza”, no es abstracción. Es el momento en que la coordinación de fuerzas internas y externas ha madurado hasta romper el equilibrio del poder irrevocablemente.

El umbral está aquí. El hierro flotante está en el Caribe. Solo falta que un régimen lea correctamente la realidad que lo rodea y comprenda que sus días están contados.

El error de cálculo de Izarra sobre la intervención en Venezuela

El error de calculo de Izarra sobre la intervencion en Venezuela

El error de cálculo de Izarra sobre la intervención en Venezuela

Por Braulio Jatar
Ex preso político del régimen de Maduro

Andrés Izarra, ex ministro de Chávez, acaba de publicar un análisis que revela el error de cálculo fatal que está a punto de costarle muy caro al régimen de Maduro.

En su despacho “Póker, no ajedrez”, Izarra concluye que Trump está jugando al farol, que todo es teatro, que los números militares no cuadran para una acción real. Se equivoca. Y su error es el mismo que comete la dictadura: subestimar la determinación de Trump.

Yo he dicho públicamente, y lo reitero: Trump ha decidido avanzar y no hay vuelta atrás. El régimen cree estar viendo señales de bluff. Lo que realmente ven es el último aviso antes de que caiga el martillo.

La trampa de los números

Izarra compara el despliegue actual (4,000 efectivos) con Panamá, Irak y Afganistán, concluyendo que son insuficientes para “ocupar territorio indefinidamente.” Aquí está su primer error: asumir que Trump busca ocupar Venezuela como se ocupó Irak.

Trump no quiere gobernar Venezuela. Quiere decapitar el régimen mediante una operación de 48-72 horas con objetivos quirúrgicos: eliminar la cúpula narcoterrorista, neutralizar capacidad militar ofensiva, establecer zona de exclusión aérea. Eso no requiere 100,000 tropas. Requiere precisión, velocidad y voluntad política. Trump tiene las tres.

El régimen calcula escenarios de invasión convencional porque eso es lo que conocen. Trump no está planeando la guerra del pasado. Está planeando la del futuro: rápida, quirúrgica, devastadora.

Chevron: preparación, no contradicción

Izarra señala como “contradicción” que Trump renovara la licencia de Chevron. “Si quisiera estrangular al régimen, no lo haría”, dice. Esto es exactamente lo contrario.

Chevron opera con cientos de ejecutivos estadounidenses en territorio venezolano. Cuando Trump ordene evacuación 48 horas antes de actuar, será la señal de alarma que el régimen verá demasiado tarde. Mientras tanto, Chevron sirve como inteligencia en tiempo real, garantía de que Venezuela no puede destruir su única fuente de ingresos, y palanca para la reconstrucción post-operación.

El tiempo corre contra Maduro

Izarra escribe que el tiempo favorece a Maduro, quien solo necesita aguantar hasta los midterms 2026. Este es el error más grave de todos.

Cada semana que pasa, Trump consolida el despliegue. Los F-35 que denunció Padrino López no son teatro—son reconocimiento previo a operaciones. Cada vuelo mapea defensas, tiempos de respuesta, capacidades reales. Trump está dejando que el régimen se relaje, que baje la guardia, que crea su propia propaganda sobre el farol estadounidense. Cuando crean que sobrevivieron la amenaza, será cuando actúe.

Las probabilidades reales

Izarra presenta su baremo desde Caracas: Continuidad del status quo MUY ALTA, Operación militar limitada MEDIO-BAJA.

Mi análisis: Operación militar selectiva ALTA (ventana octubre-diciembre 2025), Colapso interno post-operación MUY ALTA, Continuidad del régimen actual BAJA.

La diferencia es simple: Izarra analiza desde la lógica de contención que dominó décadas de política estadounidense. Yo analizo desde el entendimiento de que Trump rompió esa lógica y el régimen aún no lo procesa.

Preparación, no pánico

El régimen ha sobrevivido apostando a que el costo de eliminarlo siempre sería demasiado alto. Funcionó con Obama I y II  con Trump I y Biden. No funcionará con Trump II porque él calcula costos de manera diferente.

Para administraciones anteriores, el costo era caos regional, crisis migratoria, crítica internacional. Para Trump, el beneficio es eliminar narcoestado hemisférico, demostrar poder estadounidense, consolidar doctrina geopolítica, y ganar latinos en 2026. Trump ve ganancia neta donde otros veían pérdida neta. Por eso actuará.

Izarra y la cúpula chavista se preparan para la guerra pasada mientras Trump planea la guerra futura. Cuando entiendan que no era farol, será demasiado tarde.

El otro bando cree que Trump parpadea. Están a punto de descubrir que nunca estuvo jugando póker. Ya dijo jaque mate.

Braulio Jatar es abogado, comunicador, escritor y profesor. Ex preso político del régimen de Maduro (2016-2021).

PSUV: ni partido ni demócrata

Braulio Jatar 2025 B

PSUV: ni partido ni demócrata

Por Braulio Jatar
NOTIAMERICA

La expulsión del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPPAL) marca un punto de quiebre histórico en la política regional. No se trata de una decisión impulsiva ni ideológica: es el reconocimiento formal de que el partido de gobierno venezolano ha traicionado los valores democráticos que dicen defender.

La Coordinación General de la COPPPAL ratificó el dictamen que retira la membresía del PSUV por graves violaciones a los principios democráticos: elecciones fraudulentas, persecución política sistemática, retiro arbitrario de tarjetas a partidos opositores, instrumentalización de la justicia, presos políticos y violación de derechos humanos. Hechos documentados no solo por la oposición venezolana, sino por la comunidad internacional.

Alejandro Moreno, presidente de la COPPPAL, fue contundente: “El PSUV dejó de expresar nuestros valores plasmados en la Declaración Fundacional de Oaxaca. Somos una organización de partidos democráticos y rechazamos toda forma de autoritarismo”. Sus palabras resuenan con fuerza en una región que conoce bien el costo de las dictaduras.

La decisión llegó tras múltiples solicitudes de partidos hermanos como Liberación Nacional de Costa Rica, APRA de Perú e Izquierda Democrática de Ecuador, que se negaron a seguir compartiendo espacio con quienes pisotean la democracia. La COPPPAL exigió en repetidas ocasiones al régimen de Maduro transparentar los resultados de las elecciones del 28 de julio de 2024, liberar presos políticos y respetar el Estado de Derecho. Nunca hubo respuesta.

Este silencio es revelador. Un partido verdaderamente democrático habría aprovechado cada oportunidad para demostrar la legitimidad de sus procesos. En cambio, el PSUV optó por la opacidad, la represión y el aislamiento. “En la COPPPAL no hay cabida para nadie que no tenga un claro compromiso con la democracia social”, sentenció Moreno.

Esta expulsión también plantea una pregunta incómoda para otros gobiernos de la región que coquetean con prácticas autoritarias: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar antes de que la comunidad democrática diga basta? La COPPPAL ha trazado una línea clara.

El PSUV pagará un precio por su deriva autoritaria: aislamiento político, pérdida de legitimidad internacional y, sobre todo, el veredicto de la historia. Porque los pueblos no olvidan quiénes defendieron la democracia y quiénes la traicionaron.

La sentencia está dictada: ni partido en el sentido democrático, ni demócrata en sus prácticas. Una organización que optó por el poder absoluto a costa de los valores que decía representar.