Author: Braulio jatar

Los defensores de los derechos de los inmigrantes no son coyotes: el riesgo del artículo 112 de la Ley 21.325

El problema se vuelve más delicado porque la propia Ley 21.325 dice que la migración irregular no constituye delito. Además, obliga al Estado a informar de manera íntegra y oportuna sobre derechos, requisitos y procedimientos. Cuesta entender, entonces, cómo podría sostenerse seriamente que orientar a una persona sobre refugio, regularización o recursos administrativos equivalga a promover un ingreso ilegal. Son cosas distintas y mezclarlas solo favorece la arbitrariedad.

Los defensores de los derechos de los inmigrantes no son coyotes: el riesgo del artículo 112 de la Ley 21.325

El artículo 112 de la Ley 21.325 merece atención seria porque está redactado de una manera que permite demasiado margen. Sanciona a quienes “faciliten o promuevan” el ingreso o egreso ilegal de extranjeros y, tratándose de particulares, ni siquiera exige ánimo de lucro. Ahí aparece el problema de fondo: la norma no dibuja con nitidez la frontera entre el tráfico de migrantes y la labor de acompañamiento, orientación o defensa.

En el tráfico ilícito de migrantes, la imagen que todos tenemos es la del negocio montado sobre la desesperación ajena. Hay cobro, traslado clandestino, aprovechamiento económico y redes que operan en la sombra. El artículo 112, en cambio, quedó escrito con verbos tan amplios que una interpretación abusiva podría intentar alcanzar conductas muy distintas, incluso cuando no existe lucro ni organización criminal.

Ese riesgo no es inventado. La discusión académica ya ha advertido que una redacción así puede terminar rozando actividades humanitarias o de apoyo. Y en la práctica, el Servicio Jesuita a Migrantes ha sentido la necesidad de aclarar públicamente que asesora en regularización y defensa de derechos, pero que no facilita ni promueve ingresos o egresos ilegales. Cuando una institución de esa trayectoria se protege con esa advertencia, es porque sabe que la confusión puede ser usada en su contra.

El problema se vuelve más delicado porque la propia Ley 21.325 dice que la migración irregular no constituye delito. Además, obliga al Estado a informar de manera íntegra y oportuna sobre derechos, requisitos y procedimientos. Cuesta entender, entonces, cómo podría sostenerse seriamente que orientar a una persona sobre refugio, regularización o recursos administrativos equivalga a promover un ingreso ilegal. Son cosas distintas y mezclarlas solo favorece la arbitrariedad.

La Corte Suprema dio una señal importante en 2023 cuando corrigió la interpretación que impedía tramitar adecuadamente solicitudes de refugio de personas que habían ingresado irregularmente. Ese fallo recordó algo básico: el ingreso irregular no borra la condición humana ni elimina el acceso a procedimientos de protección. Quien exige que el Estado reciba una solicitud y la tramite conforme a derecho no está haciendo de coyote. Está haciendo valer garantías mínimas.

El ambiente político, sin embargo, empuja hacia lecturas cada vez más duras. En la discusión legislativa reciente aparecieron propuestas para ampliar el alcance de la sanción y acercarla también al transporte o apoyo posterior al ingreso. Amnistía Internacional advirtió que ese tipo de enfoque podía terminar golpeando formas de asistencia humanitaria o de ayuda a personas en situación de vulnerabilidad. Ese es el punto en que una democracia empieza a castigar menos al abuso real y más a quienes intentan contener sus efectos.

Por eso conviene dejarlo dicho sin confusiones. Un coyote lucra con el desamparo. Un defensor de derechos intenta que la ley no se convierta en un arma contra el más débil. Equiparar ambas figuras sería un error jurídico, pero también una señal muy preocupante para cualquiera que hoy acompaña, orienta o defiende inmigrantes en Chile. Porque cuando la solidaridad empieza a mirarse como sospecha, lo que se deteriora no es solo la política migratoria. Se deteriora el Estado de Derecho.

Boric y Kast empujan al inmigrante contra la pared

Boric y Kast empujan al inmigrante contra la pared

Boric y Kast empujan al inmigrante contra la pared

Boric no pudo superar su cobardía política y, después de empadronar a unos trescientos mil inmigrantes, los dejó igualmente irregulares, traicionando así su compromiso con los derechos humanos. Hizo que cumplieran con las exigencias del Estado chileno, los registró, los expuso y, al final, los abandonó en la misma incertidumbre de la que supuestamente iban a salir.

Por su parte, Kast, hoy presidente, impuso desde su campaña un lenguaje de matonaje orientado a intimidar y amenazar a esos mismos inmigrantes. No se trata de personas que hayan vivido al margen de todo, sino de personas que siguieron las reglas que el propio Estado les fue imponiendo y que, aun así, terminaron igualmente traicionadas.

Ahora se pretende que se vayan hacia un destino incierto, en medio de una salida plagada de dificultades, obstáculos y desprotección. No solo se les empuja fuera del país sin una solución real, sino que además se les expone a perder lo poco o mucho que hayan logrado construir, incluyendo sus bienes, su estabilidad y el fruto de años de esfuerzo.

Entre esas pérdidas están también los fondos que muchos aportaron obligatoriamente a las AFP en Chile. Es decir, no solo se les dejó en la irregularidad después de haber confiado en el Estado, sino que ahora también se les pretende despojar de recursos que forman parte de su patrimonio y de su trabajo. Se les exige salir, pero sin garantías, sin justicia y sin una vía razonable para recuperar lo que les pertenece.

Lo más grave es que todo esto empuja a muchas personas hacia un callejón sin salida. Cuando alguien es dejado en la irregularidad, se le amenaza, se le cierran los caminos del trabajo y además se le obliga a enfrentar una expulsión materialmente inviable, lo que se está haciendo es sembrar desesperación. Y cuando la política siembra desesperación, después no puede fingir sorpresa frente a las consecuencias.

Aquí no hay firmeza. Aquí hay traición, cobardía y abuso. Boric los empadronó y los dejó atrás. Kast los amenaza y pretende arrojarlos fuera del país, como si se tratara de una carga prescindible y no de seres humanos que ya habían depositado su confianza en el aparato estatal chileno.

El resultado de esa combinación es profundamente irresponsable. Primero se les hizo creer que había un camino. Después se les dejó atrapados en la irregularidad. Y ahora se les quiere empujar a una salida incierta, despojándolos incluso de bienes y fondos que son suyos. Eso no resuelve el problema migratorio. Eso lo agrava, lo envilece y lo convierte en una política de persecución contra personas que ya habían sido suficientemente golpeadas por la precariedad y el desarraigo.

Los inmigrantes desaparecidos en la frontera de Chile

El estudio, construido a partir de revisión de prensa digital, registros públicos, antecedentes de la plataforma Missing Migrants Project de la Organización Internacional para las Migraciones y solicitudes de acceso a la información a organismos estatales, identifica al menos 42 personas migrantes fallecidas en la frontera chilena o en sus cercanías entre 2016 y el 20 de noviembre de 2022, en hechos vinculados al ingreso por paso no habilitado.

Los inmigrantes desaparecidos en la frontera de Chile
Por Braulio Jatar Alonso

En Chile se habla mucho de ingreso irregular, de reconducción, de control fronterizo y de seguridad. Mucho menos se habla, con la seriedad debida, de las personas que han muerto en esa ruta y de la precariedad con que el propio Estado registra esos fallecimientos. Allí está uno de los principales aportes del informe exploratorio elaborado por INFOMIGRA sobre muertes migrantes en la frontera chilena entre 1990 y 2022: llevar el debate desde la consigna hacia los datos.

El estudio, construido a partir de revisión de prensa digital, registros públicos, antecedentes de la plataforma Missing Migrants Project de la Organización Internacional para las Migraciones y solicitudes de acceso a la información a organismos estatales, identifica al menos 42 personas migrantes fallecidas en la frontera chilena o en sus cercanías entre 2016 y el 20 de noviembre de 2022, en hechos vinculados al ingreso por paso no habilitado.

Los datos muestran que la nacionalidad con mayor presencia entre los fallecidos es la venezolana, seguida por la boliviana, la peruana y la dominicana. También aparece un elemento que corrige varios lugares comunes del debate público: las mujeres representan una proporción levemente superior a la de los hombres. No se trata, por tanto, de un fenómeno exclusivamente masculino. Entre los fallecidos hay también niños, lactantes, personas mayores y varios casos sin identificación completa.

La edad promedio de las víctimas se ubica en 47 años, aunque el rango es amplio: desde bebés hasta una persona de 83 años. Esa amplitud confirma que estas rutas no son recorridas por un solo perfil de migrante, sino por grupos humanos muy diversos, todos expuestos a condiciones extremas.

El mapa territorial del informe también es claro. Los casos se concentran por completo en el norte del país, entre Visviri y las cercanías de Antofagasta, con tres puntos especialmente críticos: Colchane, Arica y San Pedro de Atacama. Colchane destaca de manera dramática, concentrando casi el 60 por ciento de los decesos identificados. No es un detalle menor. Indica que la crisis está asociada a rutas y trayectos que el Estado conoce desde hace años.

En el tiempo, los casos se disparan sobre todo en 2021 y 2022. Solo en 2021 se registran 26 fallecimientos y en 2022 otros 12. Los meses con mayor incidencia son octubre, marzo y junio. Esa concentración coincide con el aumento de los flujos regionales posteriores a la pandemia y con el endurecimiento de obstáculos administrativos y fronterizos.

Otro hallazgo clave es la causa de muerte predominante. La principal categoría corresponde a condiciones ambientales adversas, falta de agua, comida y abrigo. En segundo lugar aparecen enfermedad y falta de acceso a atención de salud. Esto desplaza el foco de una lectura exclusivamente policial del problema. La frontera está produciendo muertes por exposición, altura, deshidratación, agotamiento y ausencia de auxilio oportuno.

Pero lo más delicado del informe aparece al comparar estos antecedentes con los registros oficiales. INFOMIGRA hizo cerca de una treintena de solicitudes de acceso a la información a 14 instituciones del Estado. Solo cinco entregaron datos, y aun así las cifras no coinciden entre PDI, Carabineros, Ministerio de Salud y Servicio Médico Legal. Hay respuestas parciales, datos contradictorios y vacíos que impiden construir una contabilidad pública seria.

Ese punto es central. Si el Estado no cuenta con un registro unificado y confiable sobre las muertes migrantes en frontera, tampoco puede diseñar políticas preventivas eficaces ni ofrecer certeza a las familias. En tiempos en que la discusión migratoria suele degradarse en eslóganes, este informe recuerda algo básico: ningún país serio debería resignarse a no saber con claridad quiénes mueren en sus bordes.

Estudio revela que los venezolanos no volverán a cualquier precio

Basado en el informe del Observatorio de la Diáspora Venezolana, abril de 2026.

Estudio revela que los venezolanos no volverán a cualquier precio

Un estudio reciente del Observatorio de la Diáspora Venezolana vuelve a poner orden en un debate que muchas veces se contamina con propaganda, voluntarismo o simple desconocimiento. La investigación, aplicada a 1.266 venezolanos residentes en el exterior entre el 3 de febrero y el 3 de marzo de 2026, muestra que la diáspora no ha renunciado a su país, pero tampoco está dispuesta a regresar bajo cualquier circunstancia.

Estudio revela que los venezolanos no volverán a cualquier precio

Un estudio reciente del Observatorio de la Diáspora Venezolana vuelve a poner orden en un debate que muchas veces se contamina con propaganda, voluntarismo o simple desconocimiento. La investigación, aplicada a 1.266 venezolanos residentes en el exterior entre el 3 de febrero y el 3 de marzo de 2026, muestra que la diáspora no ha renunciado a su país, pero tampoco está dispuesta a regresar bajo cualquier circunstancia.

Ese es el dato político central. El 44,7% de los encuestados afirma que consideraría regresar si mejoran las condiciones del país, mientras 23,7% prefiere permanecer fuera de Venezuela. A eso se suma otro dato relevante: 12% señala que planea regresar en el corto plazo y 9,7% dice que desea volver, aunque no de inmediato. La conclusión es clara: la idea del retorno existe, pero está condicionada por la realidad.

El propio estudio identifica cuáles son esas condiciones. Seguridad, empleo, vivienda, servicios públicos y estabilidad aparecen entre los factores decisivos para pensar en el regreso. No se trata de un impulso sentimental. La diáspora no está diciendo que no quiere volver. Está diciendo que no volverá a un país inviable.

Hay otro grupo de cifras que merece atención. Tres de cada cuatro encuestados cuentan con residencia permanente o ciudadanía en sus países de acogida. Más de 80% califica su calidad de vida como buena o muy buena y 64,6% considera que su situación laboral es estable o muy estable. Estamos, por tanto, ante una diáspora que en buena medida ha logrado asentarse y reorganizar su vida fuera de Venezuela.

Pero rehacer la vida no significa cortar con el país. El estudio muestra que 84,6% mantiene familiares en Venezuela y que casi seis de cada diez envían remesas. Esa cifra desmiente cualquier lectura superficial sobre una supuesta desconexión. La diáspora sigue atada al país, no solo por razones afectivas, sino también por responsabilidades concretas.

El perfil de la muestra también dice mucho. Cerca de 66% tiene educación universitaria completa o estudios de posgrado. Además, los grupos entre 50 y 69 años concentran casi la mitad de los encuestados. No estamos frente a una diáspora improvisada ni políticamente indiferente, sino ante una población con formación, experiencia y capacidad de evaluar con realismo lo que significaría regresar.

Otro dato importante es geográfico. La muestra se concentra principalmente en América Latina y el Caribe, con 37,2%, seguida por España con 29%, Estados Unidos y Canadá con 17,2%, y otros países europeos con 15,2%. Eso confirma que la diáspora venezolana está ampliamente distribuida, pero sigue observando a Venezuela desde múltiples puntos del mapa.

Lo que este estudio revela, en definitiva, es que el retorno no será automático ni emocional. Venezuela no recuperará a millones de sus hijos con consignas. Los recuperará cuando vuelva a ser un país viable.

Basado en el informe del Observatorio de la Diáspora Venezolana, abril de 2026.

María Corina Machado conquista España: Trump y Rubio permitan abrir las puertas a la democracia en Venezuela

MARIA CORINA MACHADO EN ESPANA

María Corina Machado conquista España: Trump y Rubio permitan abrir las puertas a la democracia en Venezuela

Por Braulio Jatar (NotiAmerica)

Tal como sucedió en Chile, María Corina Machado volvió a demostrar en España que su liderazgo no depende de aparatos, de cargos ni de componendas. Este 18 de abril, Madrid se rindió ante el poder moral de Machado con una concentración en la Puerta del Sol que reunió a miles de venezolanos decididos a expresarle, una vez más, su respaldo.

Eso mismo ya había ocurrido en Santiago. Invitada a la toma de posesión del presidente José Antonio Kast, Machado no solo participó en los actos oficiales. También salió al encuentro de la comunidad venezolana, y la respuesta fue masiva. Distintos reportes situaron la asistencia en torno a las 16 mil personas en el sector de Paseo Bulnes y Parque Almagro.

Madrid volvió a mostrar lo que Santiago ya había dicho. Cuando los venezolanos pueden expresarse libremente, el respaldo se vuelca hacia María Corina Machado. La concentración de este 18 de abril en España vuelve a dejar en evidencia una fuerza de convocatoria que hace palidecer a muchos políticos, incluso en el propio Estados Unidos, y que Delcy Rodríguez jamás tendría, ni siquiera en los alrededores del palacio que usurpan desde hace más de una década.

Los venezolanos y venezolanas están dispuestos a volver a su patria, pero bajo una auténtica democracia y no bajo la conducción de una tiranía tutelada desde Estados Unidos por Donald Trump y Marco Rubio. Ese camino no termina de convencer ni a los grandes inversionistas ni, mucho menos, a los más humildes de los venezolanos. El plan de Rubio ha fracasado. Lo advertimos desde el comienzo: todo acuerdo con personas, entidades o grupos que no tengan un páramo moral tiene garantizada su condena al fracaso.

Las demostraciones en Santiago, en Madrid y las que se van a producir en Venezuela al regreso de María Corina tienen un mensaje claro: Trump y Rubio deben, de una vez por todas, abrir las puertas a la democracia en Venezuela. Cada día que retrasa la historia patria con un plan diseñado por burócratas que poco o nada conocen del sentimiento nacional solo permitirá que la historia los juzgue con severidad.

Madrid y Santiago son la antesala de un grito nacional y universal. Un grito que, en una sola voz, se oirá con fuerza creciente dentro y fuera de Venezuela: Rubio y Trump deben demoler la muralla, o el muro, que impide a los venezolanos tener una democracia digna de su esfuerzo.

Chile: el estallido social parece seguir pendiente

EL ESTALLIDO NO TERMINO SIGUE PENDIENTE

Chile: el estallido social parece seguir pendiente

Por Braulio Jatar Alonso — El Tiempo Latino

Una ministra rociada con agua, empujada, cercada por estudiantes universitarios en pleno campus de Valdivia. La ministra de Ciencias Ximena Lincolao vivió una tensa y caótica salida desde la Universidad Austral de Chile, donde fue agredida verbal y físicamente por estudiantes en medio de una manifestación. Pánico es lo que sintió la primera autoridad de la ciencia en Chile.

Condenar la agresión es necesario. Pero quedarse solo en eso es una desviación intelectual. Porque lo que ocurrió en Valdivia no es un incidente aislado: es el síntoma de una fractura que la sociedad chilena ha acumulado por décadas y que, en octubre de 2019 produjo su primer gran dolor existencial.

Los estudiantes de la UACh publicaron un comunicado que merece leerse para entender que Chile está atrapado entre un pasado que no procesó y un futuro que no termina de nacer. Dicen que “son hijos del pueblo de Chile, que llegaron a la universidad gracias a la gratuidad, y que defenderán los derechos sociales conquistados por los movimientos sociales”. Dicen también algo más amenazante: que “la falta de gobernabilidad del Gobierno, su indolencia y su desconocimiento de la realidad chilena han generado que aumente el costo de vida y se coarten las posibilidades de desarrollo académico”.

El rector de la UACh, Egon Montecinos, fue categórico: “Nadie se merece eso en ningún momento de nuestra historia política. La democracia tiene canales para viabilizar las diferencias.” Y tiene razón. Pero esos canales llevan años obstruidos por líderes que prefieren atizar las diferencias, alimentar la polarización y ahora agregar la hoguera de la xenofobia contra los inmigrantes, produciendo graves iniquidades.

Días después, la misma universidad debió suspender clases por una amenaza anónima hallada en el campus que decía: “No vengas hoy. Él matará a todos.” El episodio ya no es político: es la radiografía de una sociedad que ha normalizado la violencia como lenguaje.

El gobierno del Presidente Kast puede presentar querellas, identificar líderes, retirar becas. La ministra Sedini calificó lo ocurrido como una “encerrona violenta” y el Ejecutivo anunció indicaciones para sancionar a estudiantes violentistas. Todo eso es legítimo. Pero ninguna querella apaga el fuego si las causas del incendio siguen intactas.

Chile tiene una deuda pendiente consigo mismo. No la resolvió en el plebiscito, no la resolvió con la nueva Constitución que nunca llegó, no la resolverá tampoco con mano dura. La violencia en Valdivia no nació en la Universidad Austral. Nació mucho antes, en una fractura política, ideológica y social que los gobiernos de todos los colores han administrado, pero ninguno ha resuelto.

El estallido social sigue pendiente. Y esta vez, nadie puede decir que no lo veía venir.

Braulio Jatar Alonso es abogado, editor, director de Reporte Confidencial y autor. Presidente de ILC Consultores Chile/Venezuela. Fue detenido por el régimen de Maduro entre 2016 y 2021. Escribe para El Tiempo Latino (Washington D.C.), NotiAmerica, y es entrevistado frecuente en varios medios.

Los aliados de China en alerta cibernética: bastó un solo hombre

CHINA ATAQUE CIBERNETICO

Los aliados de China en alerta cibernética: bastó un solo hombre

Por Braulio Jatar Alonso  (NotiAmerica)

Un hacker. Un solo hombre —o mujer, nadie lo sabe con certeza— que operó bajo el alias FlamingChina. Seis meses de paciencia quirúrgica. Y el resultado: 10 petabytes de los secretos militares más íntimos de China robados sin que nadie en Pekín se diera cuenta. La muralla china tiene grietas. Y ellos lo saben.

El objetivo fue el Centro Nacional de Supercomputación de Tianjin, la columna vertebral digital del poder militar chino. Desde allí se gestionan simulaciones de misiles, diseños aeroespaciales clasificados y tecnología de defensa de más de 6.000 instituciones. Un solo dominio VPN comprometido fue la puerta de entrada. Lo demás fue silencio, método y devastación.

Mientras eso ocurría, el mundo autocrático que apuesta su supervivencia al escudo chino comenzaba también a desmoronarse. El 3 de enero de 2026, Nicolás Maduro —el hombre que durante dos décadas se proclamó el muro de contención del imperialismo— fue capturado por fuerzas especiales estadounidenses en Caracas y trasladado a una celda del Metropolitan Detention Center en Brooklyn. Del Palacio de Miraflores a compartir edificio con Diddy y El Chapo. La caída no pudo ser más simbólica.

El 28 de febrero, le tocó a Irán. Estados Unidos e Israel lanzaron la Operación Epic Fury: casi 900 ataques en 12 horas que liquidaron al Líder Supremo Jamenei y desmantelaron décadas de infraestructura militar. El régimen que compartió tecnología de drones con Rusia, que financió a Hezbollah y los Houthis, que se creyó protegido por el eje Pekín-Moscú, recibió el golpe más devastador de su historia. El paraguas no aguantó.

Nicaragua y Cuba observan. Ortega, Murillo y la gerontocracia habanera ven caer a sus pares uno a uno. Su modelo de sobrevivencia —aferrarse a protectores externos mientras reprimen a su propio pueblo— enfrenta hoy su prueba más dura. Porque si China no pudo proteger sus propios secretos militares durante seis meses, ¿qué garantía real ofrece a sus aliados menores en Managua o La Habana?

Esa es la herida abierta que nadie en Pekín quiere nombrar. Un hacker sin ejército, sin Estado y sin bandera penetró la fortaleza digital más importante de la segunda potencia mundial. Lo hizo con paciencia, con inteligencia y con una VPN. Y se fue con los planos del poder.

Para los regímenes latinoamericanos que apostaron su futuro a ese escudo: el coloso tiene pies de barro digital. Y ya no pueden decir que no lo sabían.

Braulio Jatar Alonso es abogado, editor, director de Reporte Confidencial y autor. Presidente de ILC Consultores Chile/ Venezuela. Fue detenido por el régimen de Maduro entre 2016 y 2021. Escribe para El Tiempo Latino (Washington D.C., NotiAmerica, ) y es entrevistado frecuente en varios medios.

Delcy la quema de Judas en Rusia

Cuando Alexander Dugin escribió en X que Delcy Rodríguez era “the worst person ever” y “the female Judas”, no lanzó solo una ofensa personal.

Delcy la quema de Judas en Rusia

Braulio Jatar Alonso (NotiAmerica)


Cuando Alexander Dugin escribió en X que Delcy Rodríguez era “the worst person ever” y “the female Judas”, no lanzó solo una ofensa personal. Dictó una condena política. Y el repost que acompaña ese mensaje es todavía más directo: presenta a Delcy como la mujer que habría traicionado a Nicolás Maduro.


Dugin no es vocero oficial del Kremlin ni existe evidencia pública de que hable en nombre de Putin. Reuters lo describe como un ideólogo ultranacionalista ruso, sin vínculos oficiales con el Kremlin, cuya influencia real sobre Putin ha sido largamente debatida. Es decir, su voz importa, pero no equivale automáticamente a la voz del Estado ruso.


Pero también sería ingenuo tratarlo como una excentricidad irrelevante. Dugin suele expresar, en clave brutal e ideológica, pulsiones del nacionalismo ruso que ven la política exterior como un mapa de lealtades, traiciones y zonas de influencia. En ese lenguaje, llamar “Judas” a Delcy no es un simple insulto: es acusarla de haber entregado una plaza geopolítica.


Tras la captura de Maduro, Rusia respaldó públicamente a Delcy Rodríguez como presidenta interina y presentó ese relevo como una fórmula para preservar la estabilidad y la soberanía de Venezuela. Reuters añadió entonces un detalle revelador: Putin no comentó personalmente la salida de Maduro. El Estado ruso apoyó a Delcy; Putin guardó silencio.


Delcy adoptó un tono conciliador hacia Washington y pidió colaboración al gobierno estadounidense. Luego Caracas y Washington avanzaron hacia el restablecimiento de vínculos diplomáticos, mientras su gobierno empezó a proyectarse como un administrador aceptable para el capital internacional. Eso ya no suena a mera supervivencia del chavismo. Suena a reacomodo estratégico.

En un foro de inversión, Delcy ofreció “seguridad jurídica”, arbitraje internacional y reglas estables para los inversores, incluso ante futuras alternancias políticas. AP y El País retrataron esa apuesta como parte de una apertura económica para atraer inversión al sector energético y a otras áreas clave. Para un ideólogo como Dugin, eso puede parecer menos pragmatismo que rendición con modales.
No hay base seria para sostener que el post de Dugin sea la voz oficial de Putin. Pero sí hay base suficiente para interpretarlo como la reacción de un sector ideológico ruso que empieza a ver a Delcy no como continuidad, sino como traición. No a Maduro solamente, sino a la vieja arquitectura geopolítica que sostuvo al chavismo. Y cuando desde Moscú se empieza a hablar de Judas, es porque alguien siente que Venezuela cambió de eje sin cambiar todavía de rostro

La trampa legal que Chile le tendió a cientos de miles de venezolanos: cotizas, trabajas y pierdes tu salario

Hay verdades incomodas que el sistema prefiere que nadie diga en voz alta. Esta es una: cientos de miles de venezolanos que trabajan en Chile de forma irregular, sin título técnico ni universitario, cotizan mes a mes en la AFP tal como lo exige la ley.

La trampa legal que Chile le tendió a cientos de miles de venezolanos: cotizas, trabajas y pierdes tu salario Por: Braulio Jatar Alonso

Hay verdades incomodas que el sistema prefiere que nadie diga en voz alta. Esta es una: cientos de miles de venezolanos que trabajan en Chile de forma irregular, sin título técnico ni universitario, cotizan mes a mes en la AFP tal como lo exige la ley. Pero cuando deciden regresar a su país, descubren que ese dinero no tiene ninguna vía legal real de devolución. El Estado chileno lo recibe, lo retuvo y la ley cerro todas las puertas de salida.

Eso tiene nombre jurídico: enriquecimiento sin causa. Y cuando ocurre a escala masiva sobre la población más vulnerable, adquiere otro nombre: discriminación estructural.

El problema es concreto. La Ley 18.156 establece la figura del afiliado no residente, que permite retirar los fondos AFP al salir definitivamente del país. Pero esa figura tiene un candado: esta diseñada exclusivamente para trabajadores extranjeros con título técnico o profesional. El albañil venezolano, la trabajadora de casa, el operario, el repartidor, todos quedan fuera. Cotizaron igual. Sus derechos, en cambio, no son iguales.

Los obstáculos se acumulan sin escapatoria posible. La Ley 18.156 no aplica sin titulo. No existe convenio bilateral operativo entre Chile y Venezuela, a diferencia de lo que ocurre con Colombia, Peru o Argentina. La apostilla venezolana es materialmente imposible de obtener bajo el régimen actual, como hemos documentado y litigado (Rol 4.383-2026, Corte Suprema). Y si el trabajador retorna definitivamente, la pensión en Chile tampoco aplica. Cuatro muros. Ninguna ventana.

Lo que el sistema ignora es que Chile ratifico tratados internacionales que lo obligan a actuar de otra manera. El Convenio OIT N°143 establece expresamente que el trabajador migrante irregular no pierde sus derechos previsionales adquiridos. El Convenio OIT N°97 exige trato no menos favorable que el dado a los nacionales en materia de seguridad social. El PIDESC prohíbe la discriminación por origen nacional en el ejercicio del derecho a la seguridad social. Todos estos instrumentos tienen aplicación directa en Chile por mandato del artículo 5 inciso 2 de la Constitución. Chile los firmo. Chile está obligado a cumplirlos. No lo esta haciendo.

Hay acciones legales disponibles. La inaplicabilidad por inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional es la mas potente: ataca directamente la Ley 18.156 por producir efectos discriminatorios en el caso concreto. El recurso de protección y la demanda laboral con aplicación directa del Convenio OIT 143 son vías complementarias. Una vez agotadas las instancias internas, la CIDH y el Comité DESC de Naciones Unidas son los pasos siguientes. Chile acepto ambas competencias.

Este no es un caso perdido. Es un caso no litigado sistemáticamente. Y esa diferencia es todo.

El migrante venezolano irregular sin título cumplió con Chile. Trabajo, cotizo y no pidio más que lo justo. El dinero que el sistema tomo tiene dueño. Y ese dueño tiene derechos. Con o sin título.

Braulio Jatar Alonso

Abogado — ILC International Legal Consultants

Ni Alex Saab ni Maduro bailarán más… hipótesis sobre su cautiverio

Por eso, cuando nombres como Alex Saab, Raúl Gorrín o figuras del círculo duro del chavismo entran en zonas grises de información, lo que emerge no es solo un rumor: es la expresión visible de una lucha interna por la supervivencia.

Ni Alex Saab ni Maduro bailarán más… hipótesis sobre su cautiverio
Por Braulio Jatar Alonso
NotiAmerica
En los sistemas autoritarios, las desapariciones nunca son casuales. Son señales. Mensajes silenciosos dirigidos hacia adentro del poder, más que hacia afuera. Por eso, cuando nombres como Alex Saab, Raúl Gorrín o figuras del círculo duro del chavismo entran en zonas grises de información, lo que emerge no es solo un rumor: es la expresión visible de una lucha interna por la supervivencia.
Alex Nain Saab Morán — algo parecido a un empresario colombiano de ascendencia libanesa y señalado durante años como operador financiero clave del chavismo— representa algo más que un personaje polémico. Representa el archivo vivo de las finanzas del poder. Desde investigaciones por lavado de dinero hasta su rol en contratos estatales, Saab ha sido descrito por autoridades estadounidenses como un engranaje central en los mecanismos económicos del régimen.
Por eso, cuando surgen reportes sobre su supuesta detención o interrogatorios tras operaciones conjuntas de inteligencia, aunque no existan confirmaciones oficiales definitivas, el verdadero foco es lo que simboliza: “el contador” siempre se vuelve peligroso cuando el imperio financiero comienza a temblar.
La historia venezolana reciente ofrece un antecedente irrebatible: Tareck El Aissami, figura poderosa que llegó a ser vicepresidente y jefe del negocio petrolero, también pasó de la omnipresencia política a una súbita opacidad pública tras escándalos de corrupción multimillonaria. En el ecosistema del chavismo, quienes manejan los libros contables del sistema no solo administran recursos; administran secretos.
Este fenómeno describe lo que he denominado el PRANATO: un modelo donde el Estado deja de operar como institución y se transforma en estructura criminal jerárquica, con dinámicas similares a las de organizaciones mafiosas. En ese entorno, las desapariciones temporales no son anomalías; son mecanismos de control interno y mas dinero.
La analogía histórica es inevitable. Al Capone no cayó únicamente por balas o conspiraciones políticas, sino por los números: los registros contables que permitieron reconstruir la estructura financiera del crimen. Hoy, en Venezuela, los operadores económicos cumplen una función equivalente. Quien controla las finanzas controla la narrativa del poder.

Reportes recientes indican que Saab y el empresario Raúl Gorrín habrían sido detenidos en Caracas en operaciones donde participarían organismos venezolanos y agentes estadounidenses, aunque abogados y voceros cercanos niegan las versiones, reflejando el nivel de opacidad que rodea estos movimientos.
Más allá de la confirmación o desmentido, lo relevante es la lógica interna: cuando un régimen enfrenta presiones externas o procesos judiciales inminentes, tiende a concentrar cerca de sí a quienes poseen la información financiera más sensible. No necesariamente para castigarlos, sino para controlarlos.
Durante la era CADIVI, centenares de operadores económicos convertidos en falso empresarios aprendieron que, el acceso a divisas preferenciales implicaba una segunda realidad: la obligación de compartir beneficios bajo amenaza. Ese sistema de coerción económica institucionalizó la extorsión como método político. Y esa cultura persiste.
Por eso, la hipótesis del cautiverio —sea formal o simbólico— no debe analizarse solo desde la óptica judicial internacional. Debe entenderse como parte de un reordenamiento interno del poder, donde los “contadores” del sistema se convierten simultáneamente en activos estratégicos y riesgos existenciales.
Lo que sí parece evidente es un cambio de tono. Aquella imagen burlona, el baile provocador, el desafío teatral frente a la administración Trump, pertenece a otra etapa. Los tiempos de la arrogancia pública suelen terminar cuando el tablero cambia y la supervivencia reemplaza al espectáculo.
Ni Alex Saab ni Maduro bailarán más.
Cuando el miedo entra en la habitación, la música se detiene.