El Alto Precio de Robarse las Elecciones Por Braulio Jatar Alonso
La desesperación del régimen de Nicolás Maduro ha alcanzado niveles patéticos. Su reciente convocatoria a “4 millones y medio de milicianos” no es más que una fanfarronería que expone la fragilidad de un gobierno ilegítimo que se aferra al poder tras haberse robado descaradamente las elecciones de julio pasado.
“El presidente Trump ha sido muy claro y consecuente, está dispuesto a utilizar todos los recursos a su alcance para impedir que las drogas ingresen a nuestro país”, declaró un funcionario estadounidense. Esta postura contrasta radicalmente con la benevolencia que mostró la administración Biden, que liberó a Alex Saab y a los sobrinos de la primera dama venezolana vinculados con el narcotráfico y les devolvió al país, dejando al régimen sin credibilidad alguna en los archivos del Pentágono.
La cifra de 4.5 millones de milicianos es absolutamente absurda. Cualquiera que conozca la realidad venezolana sabe que estas supuestas milicias carecen de capacidad operativa, logística, armamento y, sobre todo, de los números que Maduro pretende proyectar. “Maduro argumentó para justificar la convocatoria que el país debe estar preparado frente a posibles ataques de Estados Unidos”, pero la verdad es que esta es una maniobra desesperada de distracción.
El país conoce perfectamente que en julio del año pasado Maduro fue derrotado de manera aplastante en las urnas. Su empecinamiento en burlarse no solo de la voluntad popular, sino también de los intentos de mediación internacional, ha cerrado dramáticamente el espacio político. Incluso los esfuerzos del propio Trump (en su primer mandato) para rescatar la democracia venezolana quedaron en letra muerta ante la obstinación del régimen.
“El régimen de Maduro no es el gobierno legítimo de Venezuela, sino un cartel del narcotráfico”, estableció claramente Washington. Esta caracterización no es retórica vacía; refleja una realidad que ni Estados Unidos ni los socios naturales del régimen pueden ya ignorar.
El despliegue de tres buques de guerra estadounidenses hacia aguas venezolanas simboliza este nuevo paradigma. “Este domingo se prevé que los 3 buques de guerra desplegados por el mar Caribe lleguen al límite de las aguas territoriales venezolanas”. No se trata de una amenaza vacía, sino del reconocimiento de que las condiciones solo pueden ser impuestas desde Washington.
La respuesta de Maduro ha sido predecible: “El imperio se volvió loco y ha renovado como un refrito podrido sus amenazas a la paz y a la tranquilidad de Venezuela”. Pero sus gritos no pueden ocultar que su llamado a “todos los milicianos, todas las milicianas del país, de todos los reservistas del país y de todo ciudadano y ciudadana que quiera dar un paso al frente” suena más a súplica que a demostración de fuerza.
El alto precio de robarse las elecciones se está cobrando inexorablemente. Maduro puede convocar a fantasmas y amenazar con milicias inexistentes, pero la realidad es implacable: su tiempo se agota. “Hoy con esta convocatoria Maduro busca mostrar fuerza interna mientras que Estados Unidos refuerza su presencia en el Caribe”, pero nadie se engaña sobre quién tiene la verdadera fuerza.
El espacio para negociaciones se ha cerrado definitivamente. Ya no hay mediaciones posibles ni salidas elegantes. Solo quedan las condiciones que Trump imponga desde Washington para un régimen que eligió el camino de la confrontación sobre el de la legitimidad democrática.