Author: Braulio jatar

¿El síndrome de Chile? Mi artículo en @el_dinamo

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FUENTE EL DINAMO 

Catherine Susan Genovese, conocida como Kitty, fue apuñalada varias veces antes de entrar al edificio donde vivía en el famoso barrio de Queens, en New York. Los llamados de socorro de Genovese fueron desgarradores. Algunos vecinos (entre 12 y 38) presenciaron u oyeron los adoloridos gritos y uno solo se atrevió a gritarle al atacante: “Deja en paz a esa muchacha”. El asesino detuvo su sanguinaria acción, pero regresó 10 minutos después a buscar a su víctima, la cual permanecía en el suelo sola y abandonada a su suerte. La apuñaló nuevamente, la violó, robó y la dejo hasta que finalmente la mujer era cadáver. Ningún vecino la vino a socorrer en la media hora que duró el ataque.

Los pormenores del asesinato narrado por un periodista del New York Times trajeron una secuela de cuestionamientos sobre la conducta pasiva de los observadores y la sicología social denominó la conducta del colectivo como “el síndrome Genovese”. Podemos resumirlo al decir que cuando todos miran nadie hace nada, creyendo que el otro lo está haciendo (en este caso llamar a la policía o actuar contra el atacante).

En Chile, se podría especular que algo a la inversa ha venido sucediendo. Pareciera que muchos que se han estado sintiéndose víctimas de un ataque (social), no habían actuado asumiendo que el resto (en estado pasivo): estaba bien. En el caso de Kitty, algo está mal y los observadores esperan que el otro haga algo. En el de Chile muchos están mal, pero nadie actuaba porque estaban convencidos (visto el silencio) que el resto estaba bien. Es así como Chile pasó de ser “un oasis” a una “guerra”.

El síndrome de Genovese, es también llamado “teoría de la responsabilidad difusa”, es decir, nadie se siente responsable individualmente de actuar, ya que la responsabilidad se diluye entre muchos observadores, todos asumiendo que el otro hará el trabajo.

Nadie puede discutir los avances económicos en nuestro Chile, pero ya en un artículo anterior, advertía que la transición chilena no era un buen ejemplo para la venezolana, porque se había hecho- por razones históricas y de equilibrio político- sobre la base de lo que algunos llaman “anclajes autoritarios”. En ese mismo artículo hablábamos que la democracia chilena, se había encargado de darle contenido social a un modelo económico exitoso, pero incompleto.

Resulta obvio que para muchos no han sido suficiente los continuos ajustes y la desigualdad ha crecido de manera amorfa, junto con una clase media que va dejando atrás su pobreza y ahora exige que se abran más puertas.

Es esa clase media la que ha salido a manifestar en mayor número. No estamos hablando de los vándalos que financiados desde afuera y alentados desde adentro, buscan destruir todo y que corresponderá a las autoridades judiciales establecer responsabilidades, nos referimos a ese millón de manifestantes pacíficos en el centro de Santiago (que ninguna persona o entidad representa) que han dejado de ser espectadores desentendidos de su propio dolor. Esos que ahora se han dado cuenta que no estaban solos en sus legítimas aspiraciones y han salido del síndrome de Chile “todos están bien menos yo”, para preservar su democracia e instituciones, produciendo los cambios que les permita seguir avanzando en una prosperidad a la que contribuyan y se beneficien todos.

En el Chile de hoy y mañana no puede haber “difusión de la responsabilidad”. Cuidar Chile no es sólo tarea del Presidente. Es un deber ciudadano, es compromiso de los manifestantes, obligación de partidos, jefes políticos y todo el Parlamento. Es una hermosa labor que suma a sindicatos, estudiantes, obreros, amas de casa y empresarios. Es darle a cada uno la oportunidad al bienestar, respetando al otro.

Braulio Jatar en El Tiempo Latino | Chile: el dilema de otro presidente democrático

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FUENTE: EL TIEMPO LATINO : Fernando de la Rúa, dimite como Presidente en 2001, en una Argentina sumida en el caos, con cacerolazos, hambre, saqueos y el canto de guerra “que se vayan todos”. El ex presidente luego dijo: “Renuncié porque la realidad me superaba”.

Su caso no es aislado, por el contrario desde 1985 son varios los presidentes democráticos latinoamericanos, que fueron obligados a renunciar, teniendo a las protestas como primer carburante.

En Bolivia tres jefes de estado fueron depuestos por manifestaciones. Siles Suazo (1985). Sánchez de Lozada (2003) y Carlos Mesa (2005). En Brasil, Fernando Enrique Cardozo sobrevivió a los reclamos populares, pero Dilma Rousseff seria expulsada, con apoyo de manifestantes, por el Parlamento en septiembre de 2016. En Ecuador Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez fueron obligados a dimitir por la fuerza de los reclamos. En Perú ha habido, desde los tiempos de Fujimori hasta la presente fecha, una seguidilla de expulsados del poder,

La popularidad del presidente francés, Emmanuel Macron, volvió a subir luego de sobrevivir a la crisis de los “chalecos amarillos”. Su decisión de iniciar un gran debate nacional, le permitió no solo mantenerse, sino también consolidar su base electoral.

“Los presidentes democráticos se diferencian de los autócratas, en que los primeros no soportan mancharse las manos cuando son sobrepasados, los segundos se embarran de sangre hasta los zapatos. Unos renuncian; los otros buscan afianzarse en el caos”.

Carlos Andrés Pérez en Venezuela, fue arrinconado por una ola de manifestaciones y un intento de golpe de estado que se monto sobre ella y lo terminaron sacando de la presidencia. Si algo ha aprendido la oposición a Maduro, es que la manifestación violenta, a menos que logre derrocar al gobierno, es un error que se paga caro cuando te enfrentas a un gobernante autoritario. Durante los reclamos de 2016, opositores denunciaban que el propio gobierno había movido- con grúas- buses chatarra que tenían arrumados en estacionamientos oficiales, para prenderles fuego en sitios donde opositores manifestaban y señalarlos como responsables. Tal denuncia pone en evidencia que el vandalismo también beneficia a quien gobierna. El ciudadano, cuando se produce el caos, busca la mano firme de quien detenta el poder.

Daniel Ortega en Nicaragua aplastó las protestas y varios centenares de manifestantes murieron a manos de bandas armadas por el propio gobierno. En una encuesta de Gallup realizada cerca de los eventos señalaba que el 74% consideraba que la vida había empeorado, el 66% rechaza al gobierno y el 54% quiere que las próximas elecciones presidenciales se adelanten. Solo el 25% de los encuestados se alinea con el partido sandinista de Ortega. Los pésimos números de Ortega solo son superados por Maduro quien tiene una aceptación que no pasa del 20% en el mejor de sus escenarios y un grueso expediente de masivas violaciones a los derechos humanos como lo ha denunciado la ONU. Entonces ¿cómo se mantienen en el poder?

En Ecuador, el presidente anuló el decreto que eliminaba subsidio a la gasolina y en Chile Piñera, tuvo que echar para atrás el aumento del pasaje del Metro. En ambos casos, se dio el mismo patrón; en una primera fase surgen los manifestantes que reclaman legítimamente sus derechos, luego sobre ellos se montan los agitadores, después los aprovechadores, los saqueadores y es allí donde el gobierno es forzado a salir en su defensa.

Los presidentes democráticos se diferencian de los autócratas, en que los primeros no soportan mancharse las manos cuando son sobrepasados, los segundos se embarran de sangre hasta los zapatos. Unos renuncian; los otros buscan afianzarse en el caos.

“En la guerra podemos morir una vez; en política, muchas veces”. Winston Churchill

Tuit personal y vídeo cuando volví al salón de clases 3 0ctubre de 2019

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Hoy después de tres años, volví al salón de clases a reencontrarme con mis muchachos en nuestras lecciones de Inteligencia Emocional. Dios, la luz y la fuerza están con Uds y en Uds. Adelante, siempre adelante, por encima de toda roca…adelante. Gracias por su afecto.

Nadie puede entrar en la casa del poderoso, a menos que le ate sus manos (TIAR)

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Jesús ha dicho: “Nadie puede entrar en la casa del poderoso para  conquistarla, a menos que le ate sus manos”. Esto es lo que muchos, durante demasiado tiempo, no han entendido sobre la realidad venezolana.

Las cancillerías con algunos matices y entendemos que por razones de  historia reciente, han hecho del debate sobre Venezuela, una letanía donde la palabra “solución pacífica” se antepone a toda tramitación. Es como poner a la carreta a empujar la mula y esperar que el objeto inmóvil, ponga en marcha al semoviente.

En conversaciones con varios generadores de opinión en Chile, hemos precisado  que Cristo no dijo “invadan con fuerza militar al enemigo”,  simplemente pedía inmovilizarlo para poder cumplir con el objetivo. 

Finalmente esta semana, los países que conforman el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR), aprobaron avanzar contra un régimen, que la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, ha cuestionado por una multiplicidad de transgresiones a las garantías que corresponden a todo ser humano desde su nacimiento.

Los que han pretendido satanizar al TIAR;  parece no haber leído ni tan siquiera el primer artículo del Tratado cuando señala:

“Las Altas Partes Contratantes condenan formalmente la guerra y se obligan en sus relaciones internacionales a no recurrir a la amenaza ni al uso de la fuerza en cualquier forma incompatible con las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas o del presente Tratado”.

Nadie está queriendo quemar la mula y la carreta, pero para lograr que la primera se mueva, solo hay dos formas: O le enseñas el heno de fleo o el palo. En negociaciones donde una parte solo respeta la fuerza, es mejor tener un contundente florero que una rosa sobre el escritorio, no conocemos a nadie que le tema a una hermosa flor.

Los países que vienen exigiendo acciones en Venezuela, han sumando todo tipo de esfuerzos, es así como también esta semana, el Consejo de DDHH de la ONU,  aprobó la creación de una Comisión Independiente cuya función básica, será investigar “casos de ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzosa, detención arbitraria, tortura (…), con miras a asegurar la plena rendición de cuentas de los autores”, reza el texto aprobado.

Cuando a Rubén Blades, el gran cantante de la salsa nacido en Panamá, le preguntaron para qué necesitaba el título de abogado de Harvard teniendo tanto reconocimiento como músico en el mundo, su respuesta fue: “Es una especie de pistola calibre 45 que tengo sobre la mesa, por si la necesito cuando se dude de mi capacidad intelectual”.

El señor Blades sabe muy bien como enfrentar a los “Pedros Navajas”.

 

Braulio Jatar Alonso

Abogado, comunicador y escritor.

Del asesinato de Orlando Letelier a la aplicación del TIAR en Venezuela

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Del asesinato de Orlando Letelier a la aplicación del TIAR en Venezuela

Braulio Jatar Alonso.-

Tucídides un historiador y militar ateniense dijo que “la historia  es un incesante volver a empezar”. La semana pasada fue designado Michael Kozak, como subsecretario de Estado de EEUU para el  hemisferio Occidental.

Kozak estuvo involucrado en 1991, en  los distintos planes para traer a la justicia americana, a los asesinos de Orlando Letelier. En octubre del 2005, John Kerry, Secretario de Estado le entrega a la entonces presidenta Michelle Bachelet, un pendrive con cerca de 300 documentos desclasificados sobre el asesinato en 1976 del excanciller chileno,  en Washington.

Letelier ex ministro en el gobierno de Allende, había sido apresado por el régimen militar y Diego Arria un estrecho colaborador  de Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela, viajó hasta Santiago, para pedirle al general Pinochet que se los entregara. “Almirante: entréguele el señor Letelier a Don Diego”; fueron las palabras con las que se selló la salida del preso hacia Caracas.  Allí mantendría residencia hasta que luego se mudara a la capital de EEUU, en donde una bomba adherida a su vehículo explotaría, matándolo junto con una asistente.

En los documentos entregados por Kerry destaca el nombre de  Mike Kozak, quien era un funcionario de asuntos hemisféricos del Departamento de Estado durante la investigación del asesinato de Letelier. En un memorándum, Kozak hace saber que el  principal objetivo en el caso Letelier, es llevar a los responsables del crimen ante la justicia y plantea seis opciones:

1) Que Estados Unidos presione por un juicio en Chile. 2) Que Estados Unidos pida la extradición de los responsables. 3) Solicitar a Chile que los expulsen a Estados Unidos o un tercer país.  4) Atraer a los señalados  del asesinato  fuera de Chile y extraditarlos desde un tercer país.  5) Capturar a los autores intelectuales  con el consentimiento de Chile. 6) Arrestar a los culpables en suelo chileno sin autorización de Chile.

El 11 de septiembre la OEA, con el voto del gobierno de Chile, acordó la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), para aplicarlo a Venezuela. La representación del presidente Piñera, en una primera oportunidad, se había unido a la propuesta de Costa Rica, de excluir expresamente la “acción militar” como una posibilidad al aplicar el tratado; la petición fue negada, y el TIAR será consultado en todas sus opciones.

El Presidente (E) Juan Guaidó ha dado fin a los diálogos de Oslo y Barbados señalando “quienes usurpan el poder han bloqueado la salida pacífica. Vamos darle continuidad a la activación del TIAR”.

La historia indica que Michael Kozak, ahora subsecretario de Estado de EEUU para el  hemisferio Occidental, cuando tuvo que decidir cómo actuar en el caso de Letelier,  no lo hizo pensando en una sola  opción, tampoco excluyendo ninguna.

El  cuerpo del ex ministro chileno Orlando Letelier, fue enterrado en 1976  en el cementerio del Este, de Caracas. “El cadáver –señalaba una nota de EFE- fue velado en el Ayuntamiento por el presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez”.

Letelier había salido en libertad hacia Caracas, luego volvería para ser enterrado. El gobierno de Chile tiene ahora parte del destino de Venezuela en sus manos. “La historia es un incesante volver a empezar”

Editorial Rc: Presidente Guaidó Volvamos A “Square One” (Al Punto De Partida)

EDITORIAL

En los días anteriores y siguientes, se hablaba de una transición con el presidente Guaidó encargado “por el tiempo que fuera necesario” para regularizar la economía y reinstitucionalizar la patria, como paso previo a unas elecciones libres, conforme los estándares internacionales. El presidente que resultare electo de esa contienda, tendría la legitimidad necesaria para iniciar el camino hacia el país que todos queremos.

De pronto algo cambió: el Presidente que tenía como responsabilidad encargarse del gobierno de transacción, empezó a subir en las encuestas y los partidos, con muchos diputados en la Asamblea Nacional y con candidatos listos para competir, se fueron convenciendo que mejor era Guaidó como aspirante presidencial, y el periodo de transición se acortó.

Al convertir o convertirse el presidente en candidato, la oposición se picó nuevamente en variados pedazos. Guaidó ahora recorre el país en campaña, ya no es quien baja la bandera a cuadros en la carrera presidencial con Ramos Allup, Leopoldo López, María Corina Machado, Henrique Capriles, Henry Falcón y otros, como precandidatos. Ahora el presidente de todos se coloca en la competencia, representando a otros, y por algún motivo, ha aplazado decisiones relacionadas con la convocatoria a la comunidad hemisférica.

Maduro, por su parte, tranca todo acuerdo alegando, que no entiende como Guaidó puede ser presidente y candidato a la vez y él, que está en Miraflores, no puede ser ni uno ni lo otro.

Presidente “back to square one”, una expresión en inglés que significa: “volver al comienzo”. Al hacerlo puede concretar el cese de la usurpación, el gobierno de transición y elecciones libres. Presidente “asuma formalmente las competencias del Ejecutivo nacional como encargado de Venezuela” y convoque a las naciones libres del planeta a actuar junto con usted, o dígale a Maduro y sus aliados, que usted será Presidente y no candidato y, convoque a unos y otros para que compitan libremente, y diga a quienes le cambiaron el rumbo… que su trabajo “es democratizar la patria ”.

La historia escribirá su nombre con letras gruesas y en pocos años, el país lo elegirá como el primer presidente de la nueva democracia.

BJ/RC

NOTA.- Este editorial, lógicamente no responde a las opiniones de todos, pero el mismo fue repartido, previo a su publicación,  entre lectores de distintas corrientes. Ninguno mostró  desacuerdo.

Sus detractores reconocen a Guaidó como Presidente con investigación por el Esequibo –

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Sus detractores reconocen  a Guaidó como Presidente con  investigación por el Esequibo –

“Imposible”, dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es lo que no puede ser, o suceder, o que no se puede ejecutar. Y en tal sentido, “delito imposible”, en principio, es el delito que no puede ejecutarse.

Más que delito imposible, las cortes y los tratadistas hablan  de la atipicidad de la conducta cuando  la acción desplegada por el autor, jamás podría haber desembocado en la realización de la figura típica.

A Juan Guaidó, funcionarios del gobierno de Maduro, le han hecho la imputación pública, “de estar negociando el Esequibo”. Imagine por un momento que alguien se para en la plaza Bolívar de su ciudad, y le ponga sobre la estatua del Libertador, un letrero que diga “se vende”. Obviamente no teniendo –  conforme a los principios generales y  máximas del derecho-  cualidad jurídica para producir el efecto, nadie va a tomar en serio su oferta,  por lo que no hay forma de alcanzar la materialización de su propuesta.

Los mismos que apuntan a Guaidó de estar, supuestamente, negociando la zona en reclamación, son los mismos que dicen que no tiene  las competencias jurídicas del ejecutivo nacional.

La Constitución en su  artículo 236, establece las atribuciones y  obligaciones del Presidente y en su ordinal 4° se establece: “Dirigir las relaciones exteriores de la República y celebrar y ratificar los tratados, convenios o acuerdos internacionales”  En el in fine de la norma se señala: “Los actos del Presidente… serán refrendados para su validez por el Vicepresidente  y el Ministro o Ministros     respectivos”. Guaidó no tiene ni ministros ni vicepresidente.

Si Guaidó, para los denunciantes  no es Presidente, es como el hombre a quien acusan de vender la Luna y lo convierten en propietario de lo imposible, para acusarlo de fraude.

Los que acusan a Guaidó, lo están reconociendo como Presidente.

Yo solo solté al caballo (demonio)

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Yo solo solté al caballo (demonio)

Braulio Jatar Alonso

Abogado-comunicador-escritor

 

Los venezolanos igual que  muchos en todas partes, andamos buscando a quien culpar de lo que nos pasa. No es nuevo eso de echarle a otros, las causas de nuestras desgracias. El periodista Carlos Rangel en la década de los setenta, advertía del complejo latinoamericano ante los Estados Unidos. En su libro “Del buen salvaje al buen revolucionario”, anotaba que los graves padecimientos de nuestros pueblos, nada tenían que ver con los “muy malucos norteamericanos”, sino por el contrario eran el producto de nuestra forma irresponsable de asumir compromisos como sociedad.

 

Para el periodista venezolano, el «buen revolucionario», no es otra cosa que una combinación de populismo, proteccionismo, caudillismo y autoritarismo que busca justificarse como una “venganza”, por los  supuestos males causados a nuestros pueblos, por las poderosas naciones de occidente.

En el libro “la culpa es de la vaca”, se muestra de forma más global la tentación que nos lleva a endosar a cualquier otro, así sea un animal que solo sabe rumiar en paz, lo desventurado de nuestro destino. El apuntar con el dedo a los responsables de nuestras propias decisiones, es una forma de escapar a la realidad y, lo que es peor, no hacer nada para cambiar el rumbo de nuestro camino de errores.

En Venezuela se insiste en culpar a un presidente democratacristiano, de la existencia del “chavismo”. Rafael Caldera en su primer mandato, pacificó el país al indultar a guerrilleros que promovidos por la Cuba de Fidel, se levantaron en armas en la década de los sesenta. Luego en su segundo gobierno, se encontró con las cárceles llenas, ya no de “buenos revolucionarios”, sino por el contrario de soldados que junto con Chávez, se alzaron contra una democracia que, para una mayoría, había dejado de ser buena. Liberó a “el comandante” y al resto de sus compañeros

Caldera, como la vaca,  resulta para algunos el culpable de lo que nos pasa.  En un grupo de periodistas se divulgó la siguiente fábula: Un caballo estaba amarrado y vino un demonio y lo soltó. El caballo se metió a la finca de unos campesinos y comenzó a comerse la siembra. El dueño de la finca tomó su rifle y mató al caballo. Entonces el dueño del caballo, tomó su rifle y mató al dueño da la finca. La mujer del dueño de la finca, mató al dueño del caballo. Entonces el hijo del dueño del  caballo mató a la mujer. Los vecinos enardecidos mataron al muchacho y quemaron su casa. Entonces le preguntaron al demonio:—¿por qué hiciste a todos eso? El demonio respondió:—Yo sólo solté el caballo.

Caldera solo soltó a Chávez, el resto es culpa de nosotros y de muchos otros en Latinoamérica.

La transición política chilena no es para Venezuela. Por: Braulio Jatar (Portal Chileno El Dinamo)

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Hemos advertido del riesgo de vender la transición chilena como fórmula para Venezuela. Usar como referencia el debate de demócratas chilenos con un gobierno militar, no solo es un error, lo que es peor, puede estar trayendo malas consecuencias a la actual negociación en la tierra caribeña.

Pinochet fue obligado, por su propia Constitución, a llamar a un plebiscito a los ocho años de haberse promulgado la norma marco. El jefe militar apostaba que ganaría el proceso eleccionario, montado en una ola de éxitos económicos. La propuesta de los entonces “chicago boys” habían puesto a Chile en una ruta que la democracia ha mejorado, dándole contenido social, pero nunca desmontado. La dictadura echó las bases de uno de los más exitosos planes económicos en Latinoamérica. El gobierno perdió el proceso eleccionario al que concurrió el 97.53% del electorado, pero con un 44% de los votos de su lado y con unos resaltantes índices económicos, se sentó a negociar – con un importante bloque de partidos de la oposición – algunas reformas a la Carta Magna redactada por sus fuerzas militares y “aprobadas” en 1980 en un proceso que muchos repudiaron por falta de legitimidad.

Ambas partes hicieron lo que pudieron por salir con el mejor acuerdo posible y meses después la democracia volvía, pero con Pinochet como jefe eterno del ejército, un porcentaje de los ingresos derivados de la exportación del cobre adjudicado directamente a la institución militar y otras normas denominadas “anclajes autoritarios”, que por años permitieron que la sombra del militarismo oscureciera la blanca democracia.

El régimen venezolano, en donde militares han ocupado una infinidad de cargos, no tiene éxito económico alguno que mostrar. Por el contrario: es un desastre sin precedentes en la historia universal con 4 millones de venezolanos desplazados. Sus habitantes, víctimas de la violación de derechos humanos, civiles, sociales entre otros, tal y como lo señala el Informe Bachelet, tienen al gobierno con un 87% de desaprobación, según todo tipo de encuestas, por lo que competir en unas elecciones limpias, no es una opción, tal y como quedó demostrado cuando en el año 2016 la Constitución ordenaba celebrar un referendo revocatorio presidencial y el órgano electoral impidió su realización.

En esta Venezuela, la oposición no cuestiona la actual Constitución (1999), los que la gobiernan no tienen éxitos económicos que mostrar, tampoco han cumplido con procesos electorales conforme a ley ni a estándares internacionales, no cuenta con apoyo popular y al igual que el otrora Chile ha violado derechos fundamentales de nuestros ciudadanos. ¿Qué es lo que hay que negociar? Una “retirada ordenada” al estilo de la dictadura Argentina, país que después del fracaso de la guerra de Las Malvinas, quedó devastado por todos los costados.

!Venezuela no es Chile!

Fuente Original El Dinamo (Chile) 


Abogado, comunicador, escritor

Del “Queridato” al “Pranato” (La tragedia de Venezuela en dos actos)

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En la década de los setenta, un helicóptero sobrevuela una lujosa urbanización en la capital de Venezuela. El ruido alerta a los vecinos. Sus inmensas aspas levantan el olor silvestre de calles adornadas de frondosos árboles. Incrustada dentro de una hermosa montaña, la paz del lugar se ve temporalmente quebrantada por el aleteo del ave mecánica que se posa sobre un vasto jardín. La amante sale al encuentro del entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Contratistas, mercaderes, corruptos y un grupo de mujeres de repuesto, observan con felicidad la escena del infiel amor.

Cuando Pérez muere, la amante y su esposa se pelean el cadáver por meses. No sabiendo que hacer con sus restos lo meten en un congelador en Miami, donde convivía con su querida. Al final se impone el deseo de la única con acta matrimonial y lo terminan enterrando en Caracas.

En los ochenta, un avión privado tajaba el hermoso cielo azul del aeropuerto de la ciudad de La Guaira a pocos kilómetros del bello valle de Caracas. Desde unos cuantos pies de altura, el viajero observa el ancho mar Caribe. Sus ojos tristes no logran animarse con el espectáculo natural. La fuente oficial informa que el presidente Jaime Lusinchi, será internado en un hospital de la ciudad de Boston para atender con urgencia un malestar de espalda. La verdad es otra, el corazón de Lusinchi ha sido cruzado por una traición. Su barragana, con venganza calculada, lo ha abandonado para casarse con otro. El hombre se niega a vivir sin su amante. Para volver, ella impone como condición, que ambos tienen que divorciarse. El gobernante postrado en una cama accede a la petición y firma papeles de una demanda contra su esposa de más de treinta años. En el libelo reclama a la primera dama: “no lavarle la ropa, ni hacerle la comida”. La esposa da la pelea y la amante aprieta. La querida es reinstalada en el palacio presidencial; y todo visitante tiene que pasar primero por su oficina. Desde el papa Juan Pablo II, hasta el más corrupto de los empresarios están obligados a cruzar la misma alcabala.

Lusinchi muere en la casa de una hija, abandonado por la querida. La mujer hasta el día de hoy pavonea su fortuna viajando a Miami, Costa Rica y el resto del mundo.

En el festín de los petrodólares, el “queridato” marcó la caída de la democracia venezolana. Las amantes se hicieron de negociados y poder político por encima de instituciones y personalidades que alertaban sobre el sonido de las arcadas que anunciaban la llegada de un inmenso vomito social.

El desorden moral puso a crujir el sistema de tal forma, que un grupo de vengadores con uniforme militar encontró el descontento necesario para terminar empujando todo al vacio y reinar desde la nada, usando el terror como lo hace la mafia, los gánsteres o los pranes en las cárceles venezolanas.

PRAN; acrónimo para “Preso, Reconocido A nivel Nacional”, se ha convertido en la representación de un país sin estado de derecho, donde la arbitrariedad, el capricho y la corrupción impuesta a la fuerza, ha permeado desde las cárceles hasta el sistema de gobierno.

El PRAN, líder negativo de centros penitenciarios en Venezuela, en algunos casos, somete con crueldad y la violencia de una bestia su población carcelaria e impone sus propias reglas; para muchos esas son las mismas armas con las que se sustenta el anti-sistema de la actual Venezuela, una especie de PRANATO gobernando a una nación entera.

El drama que vive la patria de Bolívar, tiene al “queridato” como primer acto, y el “pranato” como la continuación de una tragedia que marcó el fin de una desmigajada democracia. Amantes corruptas y delincuentes, han castigado a Venezuela igual que a Tántalo, el personaje mitológico condenado a padecer hambre y sed eternamente, ya no en la parte más profunda del Inframundo, sino también en una nación llena de riquezas.

BRAULIO JATAR

ABOGADO

COMUNICADOR

ESCRITOR